Page 36 - Diálogos
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Deposito la carga en la cajuela de mi auto, subo a
él, lo pongo en marcha y me alejo un par de cuadras,
para bajar, abrir la cajuela, sacar la bolsa negra y
tirarla cerca de una alcantarilla, a plena luz de la
farola. Rueda la cabeza, y ya ni si quiera me detengo
a ponerla nuevamente dentro. Solo la miro rodar y
detenerse junto a la banqueta. Y se queda mirándome,
como si quisiera entender el porqué de mi desdicha.
No puedo hacer más que levantar los hombros, dar
una fumada y regresar a casa, donde me espera esta
maldita rutina, con la noche eterna, el sudor sin fin,
el olor nauseabundo y el otro cuerpo que espera ser
despachado.
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