Page 443 - Egipto Tomo 1
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acaso penetra en ella algún habitante del Cairo , puede tenerse la seguridad de que lo hace
movido por el deseo de adorar dos enormes pedruscos de mala manera dispuestos, gris el
uno, el otro encarnado, de los cuales aquel tiene impresas las huellas de los piés del Profeta,
y el segundo la de una sola de las plantas del enviado de Dios. Dichas piedras fueron
llevadas al Cairo por Kait-bey, de vuelta de su peregrinación á la Meca: pues dicho sultán era
amigo de viajar, y de emplear gran parte del tiempo en excursiones y cacerías, como lo
demuestra el haber visitado los santos lugares de Hebron y Jerusalen. Cuéntase que de
vuelta de sus viajes fué recibido con gran pompa por los habitantes del Cairo: que el atageb
Ezbek, el fundador del Ezbekijeh, le dió una magnífica comida en Matarijeh; y que al entrar
en su capital encontró las calles cubiertas y alfombradas de magníficas tapicerías. A su
bailarinas, y hasta aquellos mismos emires que
comitiva se agregaron numerosos cantores y
pasados nueve años habían de obligar al anciano moribundo á que abdicara en favor de su
hijo, hiciéronle riquísimos presentes al poner su pié en el umbral de la ciudadela.
Bajo las dos dinastías de los mamelucos el dominio del Egipto fué invariablemente
conquistado por un advenedizo resuelto, ó transmitido y adjudicado por la levantisca nobleza
al más joven de los hijos del sultán reinante. Al fantasma del califa abbásida, quedaba
proclamar al nuevo príncipe.
después el cargo de confirmar y
El hijo de Kait-bey, Mahometo, había nacido de una esclava circasiana cuando su padre
contaba ya setenta y dos años. Durante los tres que duró su reinado manchó su nombre por
medio de una crueldad extraordinaria y un desenfreno brutal. Los contados actos de valor
de liberalidad de que nos hablan los historiadores, desaparecen ante los nume-
personal y
rosos hechos infames que llevó á cabo. El que tenia la desgracia de topar con él durante sus
expediciones nocturnas, podia darse por bien librado si escapaba con una paliza horrenda,
pues lo común era perder algún miembro si no la cabeza: pasábase las noches enteras en el
cantadoras; penetraba á la fuerza en las casas de sus
Kilo acompañado de cantadores y
con auxilio de sus seides se apoderaba de las mujeres que más bellas le parecían,
súbditos, y
y á fin de que no tuviera que andar á oscuras por las desiertas calles de la ciudad, obligaba á
los vecinos ú tener encendidos faroles y linternas durante la noche , delante de las casas y las
tiendas. Un grupo de emires y mamelucos conjurados, saliéndole al paso en una de sus
infames excursiones, cosióle á puñaladas y dejó su cuerpo abandonado en mitad de la calle
como el de un perro rabioso. Mandólo recoger y darle sepultura uno de sus tios que fué
quien le sucedió en el trono.
Éste cambió cuatro veces de dueño en ménos de seis años, pasados los cuales ocupólo
Kansuwe el-Ghuri, que logró mantenerse en él durante tres lustros. Había sido esclavo de
Kait-bey; descendía de familia real y contaba sesenta años al apoderarse del sultanato,
el Cairo conserva todavía bellísimos monumentos
estaba dotado de grandes cualidades y
oprimir al pueblo
erigidos en su tiempo, para lo cual le fué preciso crear nuevos impuestos, y
con duras extorsiones. Sin contar otros templos ménos importantes, débenle su existencia la
mezquita que lleva su nombre en la calle de el—Ghurijeh y la fuente escuela situada enfrente