Page 453 - Egipto Tomo 1
P. 453
EL CAIRO 371
Heliópolis en las inmediaciones del lago de los Peregrinos: Birket—el—Hcigg. Una di\ Pión
del ejército otomano atacó el grueso de las fuerzas egipcias, en tanto que otra parte dando la
vuelta al Mokattam embestia por el flanco á Toman-bey. Éste peleó como uno de lo» héioe*
: pues seguido de dos emires y un puñado de soldado*
de los buenos tiempos del Islam
valientes y decididos habia logrado penetrar hasta el mismo corazón de las fuerza* enemiga*,
derribar los jefes que en ella se encontiaban,
apoderarse de la tienda del sultán Selim y
cuando llegó á sus oidos la nueva de que su ejército, completamente desmoralizado, huia á la
desbandada. Las trincheras dispuestas por los egipcios, tras las cuales estaba puesta en
batería su artillería formidable, cayeron en poder de las huestes osmanidas, gracias a la
traición de dos mamelucos albaneses, que entregaron á un bajá turco, su compatriota, el plan
de batalla imaginado por Toman—bey, indicándole además las ocultas trinchera* y la posición
que en ellas ocupaban las piezas. Vencido el grueso del ejército egipcio por lo* otomano*,
quedábales todavía á los mamelucos el recurso de la artillería, que habrían podido volver
contra sus enemigos ; pero ésta consistía en viejas bombardas de hierro, montadas sobie
cureñas desprovistas de ruedas, construidas con postes revestidos de abrazaderas de metal, en
tanto que los turcos disponían de cañones sumamente ligeros y muy fáciles de manejar . Así
se explica que Kurt-bey, uno de los más bravos emires de Toman-bev, hecho prisionero por
los vencedores, contestara arrogantemente á Selim que le preguntaba qué habia sido de su
antiguo ardimiento: «Consérvolo íntegro en el fondo de mi corazón. Si los otomanos han
» vencido, á su artillería lo deben, que no á su valor; pues la artillería es arma de tal
» naturaleza que con ella pudiera una débil mujer vencer á los hombres más valerosos: debida
» su invención á los infieles, jamás debe emplearla un musulmán para combatir á los que
» creen en Dios v en el Profeta.» En cuanto al sultán de Egipto, se puso en salvo escapando
á Turah, en tanto que los turcos se apoderaban del Cairo y de la ciudadela. Las huestes de
Selim embriagadas por el triunfo entregáronse al saqueo y á la matanza, debiéndose a esto
que Toman-bey, por medio de un atrevido golpe de mano, lograra reconquistar la perdida
ciudad; mas careciendo de fuerzas para sostenerse en ella, los turcos la volvieron a tomar
calle á calle. Para poner
tras lucha porfiada, que exigió que la ganaran de nuevo casa á casa y
término á la misma el sultán Selim ofreció á los que juzgaba rebeldes perdón y olvido si
abandonaban las armas: unos ochocientos cedieron á las ofertas del vencedor, mas en cuanto
se entregaron, apoderáronse de ellos los soldados del sultán y los condujeron á la plaza de
Rumeleh, donde fueron decapitados. Lo que comenzaran la astucia y el engaño, concluyólo la
el incendio; haciéndose subir á cincuenta mil el número de los camotas que
matanza y
perecieron durante aquellos dias espantosos. En cuanto á Toman-bev, obligado segunda uz
á abandonar su capital al enemigo, intentó reconquistar la independencia del Egipto poi
medio de la lucha: durante una jornada entera peleó con un desprecio de la vida que rayaba
en heroísmo junto á los muros de Gizeh; pero careciendo de fuerzas para sostenerse y
continuar la pelea, vióse arrastrado por los suyos en la fuga que desordenadamente empren-
entregado á los vencedores, fué conducido á la presencia
dieron. Vendido por los beduinos, y