Page 39 - Enamórate de ti
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o “Tu casa muestra que tienes buen gusto”. Este tipo de elogios son de mayor exigencia, pero el
  compromiso  del  emisor  del  mensaje  sigue  siendo  poco.  Puedes  involucrarte  en  tus  propios
  autoelogios: “Esta camisa me queda bien”, “Definitivamente, mi casa muestra que tengo buen gusto”,

  “El traje de baño me sienta”, “Hoy estoy muy bien vestido”, “Sé elegir muy bien a mis amistades”,
  etcétera.


         Elogios dirigidos a ciertas características
   3| de la persona


  Aquí el compromiso del que dice el halago es mayor. “Eres muy inteligente”, “Tu cuerpo es muy
  bello”, “Tu voz es espectacular”, “Eres una gran persona” o “Eres muy buen amigo”. Como puede
  verse, el elogio va dirigido a rasgos, valores, características físicas o habilidades de otras personas.
  Busca  qué  cosas  te  gustan  de  ti,  elógiate  y,  de  paso,  agradécete,  como  te  agradecería  cualquier

  persona que recibiera el halago.


         Elogios dirigidos a características de la persona
   4| donde el dador del elogio se involucra


  Muy  pocas  personas  son  capaces  de  dar  este  tipo  de  halagos  sin  sentirse  ridículos,  nerviosos  o
  inseguros, a no ser que sean personas muy cercanas y que les tengan confianza. Aquí el dador dice lo
  que le produce la persona. Se expresa un sentimiento asociado al elogio: “Admiro tu inteligencia”,

  “Me encanta tu cuerpo”, “Adoro tu sonrisa” o “Envidio tu alegría”. La expresión de afecto dirigida a
  otras personas tiene tantas condiciones y requisitos en nuestra cultura que se vuelve cada vez más
  difícil decirle “Te quiero” a alguien sin que se sospeche alguna segunda intención. La expresión libre
  y franca de sentimientos positivos a las personas que nos rodean no es fácil si la cultura es poco
  expresiva. No obstante, estos problemas de incomodidad social no existen a la hora de autoelogiar

  tus características. Decirte: “Me gustan mis ojos”, “Me encanta ser inteligente”, “Me fascinan mis
  piernas” o “Soy una buena persona” no ocasiona riesgos, rechazos, ni malentendidos; depende sólo
  de ti.



  La  conclusión  es  evidente: la  autoexpresión  de  sentimientos  positivos  nos  hace  sentir  bien,
  sencillamente porque es agradable el buen trato.




  ¿Qué hacer para autoelogiarse?

  El paso más importante es conectarte a un procesamiento controlado, es decir, hacerte consciente de
  tu diálogo interno y de lo que te dices a ti mismo. Puedes descubrir que no te dices nada (el éxito

  pasó  inadvertido)  o  que  te  autocastigas  (el  éxito  ha  sido  insuficiente  para  las  aspiraciones  que
  posees): “Lo debería haber hecho mejor”. Recuerdo que a los veinte años, mi nivel de autoexigencia
  en cuestiones académicas llegaba a límites absurdos. En esa época estudiaba ingeniería electrónica,
  una carrera que dejé cuando decidí ser sincero conmigo mismo. Lo importante es que, pese a la poca
  vocación  por  los  cables  y  los  chips,  si  mis  calificaciones  bajaban  de  nueve  o  diez  me  deprimía

  profundamente.  Mientras  mis  compañeros  festejaban  un  siete  en  álgebra,  yo  me  castigaba
  (verbalmente)  por  un  ocho.  La  insatisfacción  frente  a  mi  propio  rendimiento  no  daba  cabida  al
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