Page 56 - Enamórate de ti
P. 56

enseñanza que me dejó la experiencia en el aspecto psicológico. Luego de la pelea, mi padre me
  estaba esperando con hielo, aspirinas y cierto aire de orgullo mal disimulado. “Muy bien —me dijo

  —, es preferible tener un ojo hinchado que la dignidad maltratada.” Esa noche dormí como nunca lo
  había hecho antes.
        Maquiavelo  dice:  “Los  fantasmas  asustan  más  de  lejos  que  de  cerca”.  Es  verdad.  La  única
  manera  de  vencer  el  miedo  es  enfrentarlo.  De  igual  modo,  no  hay  otra  forma  de  solucionar  un
  problema que afrontarlo abiertamente y con la menor cantidad posible de subterfugios. Sin embargo,

  pese a las ventajas comprobadas de los métodos de la exposición en vivo de lo que tememos, los
  humanos  nos  resistimos  a  pagar  el  costo  de  tal  superación,  porque  es  incómoda.  Optamos  por  el
  camino más fácil: el alivio que nos produce la evitación y la postergación.

        La evitación impide que el organismo esté expuesto el tiempo suficiente para vencer el miedo,
  refutar  las  creencias  irracionales  que  nos  empujan  a  actuar  inadecuadamente  o  solucionar  el
  problema  de  que  se  trate.  Enfrentarse  a  cosas  desagradables  es  molesto  y  puede  llegar  a  ser
  doloroso, pero es el precio para modificarlas y vencerlas. ¿Qué opinarías de alguien que prefiriese
  no curarse su amigdalitis, sabiendo las graves consecuencias de una fiebre reumática, por no soportar

  el piquete de una inyección?
        En los trastornos graves de pánico, está comprobado que la mejor estrategia terapéutica es la
  exposición a la fuente fóbica. En estos casos, cuando el sujeto se somete al miedo, la adrenalina se

  dispara  y  produce  determinadas  reacciones  fisiológicas  como taquicardia,  sudor,  cambios  de
  temperatura, náuseas, mareos, etcétera. Estas sensaciones son incómodas, pero después, si se logra
  mantener  la  exposición  el  tiempo  suficiente,  disminuyen,  se  agotan  y  el  organismo  se  habitúa  al
  objeto  temido.  Esto  se  denomina extinción  del  miedo.  Por  desgracia,  no  soportamos  el  tiempo
  necesario de acostumbramiento y escapamos antes de que la extinción ocurra. Si quieres superar tus

  inseguridades, debes ponerte a prueba y exponerte. Debes arriesgarte y someter a contrastación las
  ideas infundadas o erróneas que tienes sobre ti mismo. Si haces de la evitación una costumbre, nunca
  sabrás valorarte.

        La baja autoeficacia produce efectos similares a los arriba mencionados. Los sentimientos de
  inseguridad que produce la idea de que uno es incapaz impiden que se persista el tiempo necesario
  para  superar  los  inconvenientes,  debido  a  que  cualquier  obstáculo  será  visto  como  un  abismo
  infranqueable del cual hay que alejarse rápidamente. Con esta manera de obrar, las anticipaciones
  catastróficas de fracaso absoluto nunca podrán ser rebatidas y contrastadas en la práctica.




  ¿El peligro es real?


  La evitación no siempre es inadecuada. Es indudable que el escape y la evitación son las mejores
  opciones cuando el peligro, físico o psicológico, es objetivo y realmente dañino. Supongamos que
  alguien te dice que en la habitación contigua se encuentra un león hambriento próximo a derribar la
  puerta, e inmediatamente escuchas un terrible y estruendoso rugido. El león, objetivamente, puede

  hacerte daño. Si te ven correr ante el animal enfurecido, la gente opinará de ti: “¡Miren qué hábil
  es!”. Pero si te dicen que hay un pequeño gatito blanco detrás de la puerta, y luego de ahogar un grito
  y ponerte pálido, sales aterrorizado, las personas que te observen correr ante el inofensivo animalito

  dirán:  “¡Se  le  aflojó  un  tornillo!”.  El  gatito, objetivamente,  no  puede  hacerte  daño,  aunque  lo
  percibas como el más feroz de los depredadores. A este miedo los psicólogos lo llamamos fobia, un
   51   52   53   54   55   56   57   58   59   60   61