Page 57 - Enamórate de ti
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temor irracional, mientras que el terror y el posterior escape ante el león es considerado adaptativo
  porque  ayuda  a  la  supervivencia  personal  y  de  la  especie.  Los  condicionamientos  y  aprendizajes
  responsables de la evitación han sido muy importantes para la especie humana. Muchos de nuestros

  miedos son “preparados” o heredados, porque le servían a nuestros antecesores prehistóricos. La
  evitación era (y es) una forma de defensa anticipada de los depredadores potenciales. Sin embargo,
  algunas personas poseen un “detector” de peligros demasiado sensible y, en consecuencia, ven el
  mundo como supremamente amenazante.

        Si estás ante una situación difícil, pero importante o vital para ti, pregúntate lo siguiente: “Si
  enfrento la situación, ¿las consecuencias que temo son reales? ¿Objetivamente puede pasarme algo
  grave e irremediable? ¿Mi ‘detector’ no está exagerando las consecuencias? ¿Lo que hay en juego lo
  justifica? ¿La meta propuesta es alcanzable o inalcanzable? ¿Hay probabilidades de obtener lo que

  busco?”. Si objetivamente no puede pasarte nada, no lo dudes: ¡arriésgate! Si la probabilidad de
  recibir consecuencias negativas es muy alta, y no hay en juego nada vital, piénsalo.
        Si crees que no eres capaz y te tienes lástima, concédete la oportunidad de demostrarte a ti
  mismo lo que puedes hacer. El intento será incómodo al principio, sentirás miedo, dolor y malestar,

  pero  habrá  en  juego  algo  mucho  más  importante  que  tu  estado  fisiológico:  tu  autoestima,  tu
  autoeficacia, lo que piensas y sientes respecto de ti. El autorrespeto y la dignidad asociada merecen
  el “sacrificio” del piquete inicial. Enfréntate a lo que temes aceptando que debes pagar el costo de
  sentirte mal un instante; es sólo un instante. La evitación te provee alivio inmediato, pero a largo

  plazo terminará reforzando tus autoesquemas de inseguridad y minusvalía. No cabe duda: es mejor un
  ojo morado.




  Para vencer la baja autoeficacia


  Resumiendo lo dicho hasta aquí: la autoeficacia es la “opinión cognitivo-afectiva” que se tiene sobre
  la posibilidad de alcanzar determinados resultados, es decir, la confianza en que uno pueda conseguir

  las metas exitosamente. Como vimos, las causas más comunes que contribuyen a que la autoeficacia
  baje son: ver las cosas como incontrolables, creer que la propia conducta está regulada más por
  factores externos que por uno mismo  y atribuirse injustamente la responsabilidad sobre lo malo
  más  que  sobre  lo  bueno  que  somos  y  sobre  nuestros  logros  personales.  Cualquiera  de  estos  tres

  factores genera un autoesquema de desconfianza e inseguridad en uno mismo, lo que lleva a evitar las
  situaciones  de  reto,  problemas  o  cualquier  evento  que  implique  la  intervención  personal  para  su
  solución. La persona hará de la evitación una forma de vida.
        Las siguientes estrategias te permitirán afrontar la baja autoeficacia o conservarla en un punto

  adecuado.



  1. Elimina el “No soy capaz”


  Si te menosprecias, tu diálogo interno obrará como un freno. Elimina de tu repertorio el “No soy
  capaz”, porque cada vez que te lo repites confirmas y refuerzas tus sentimientos de inseguridad; esta
  calificación negativa, automáticamente, te inmovilizará. Si el entrenador del atleta antes mencionado

  le dijera al oído y en el momento justo de saltar: “No eres capaz”, ¿crees que su resultado sería
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