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Apenas se conoce que, la coronación de las
reinas tuvo lugar a partir de la segunda década
del siglo veinte y su hilo conductor se atribuye
a los ciclos agrícolas de la población.
Los finqueros de ese tiempo, ligados al cul-
tivo del café, luego de recoger el fruto de sus
cosechas, desencadenaban las celebraciones
en sus terrenos; elegían a una joven bonita y
la convertían en soberana de la vendimia. El
festejo coincidía con el mes de noviembre. Esta
costumbre, todavía no estaba incorporada a las
fiestas patronales de la ciudad.
No sería sino hasta los años treinta, que la
primera soberana desfiló por el pueblo sobre
una carreta cubierta con un jardín florido,
mientras sorteaba a su paso pequeñas laderas
de las calles rústicas del poblado.
Los desfiles de lindas señoritas, también
coincidieron con los periodos del Alcalde Man-
uel Recinos, que en los aniversarios de su par-
tido Pro-Patria, al son de la banda municipal, DINORA
acompañado de sus partidarios, se abanicaba TORRE
por las calles al despertar de la alborada.
Alcides Cárcamo, apenas un niño de unos 1953
ocho años en ese tiempo, recuerda como su
tío Manuel hacia las carrozas en la cama de las
carretas, con sus manos de artista. prendieron que la celebración periódica de las
Con una sonrisa y ubicándose en su car- fiestas y la coronación de la reinas, los iden-
pin tería a la entrada del pueblo, todavía veía a tificaba; además de que brindaban armonía,
su tío, mientras cortaba la madera con el ser- juventud y vida a la ciudad.
rucho y acordelaba el área de la plataforma del Por tal razón, el ritual de las reinas se aro-
carruaje. matizó con un nuevo perfume de mil flores. La
“A mis pocos años, me entraba la curiosi- coronación de la reina de 1953, inauguró prác-
dad por echarle la mano -asegura-, pero me ticas culturales acordes con la época. Algu-
apartaba, no fuera a ser una desgracia y me nas de ellas por su frecuencia, con los años
cayera la rueda encima, insistía, con una cara se convirtieron en referente para las nuevas
muy seria. Me deleitaba verlo estampar las fig- generaciones.
uras de fondo, especialmente los castillos y la Hasta el día de hoy se cuentan 60 soberanas
delicadeza con la que colocaba cada una de las que vivieron la quimera de ser “su majestad”,
flores”. engalanar la portada del programa de las fiestas
Raquel Torres, una de las reinas de esa época, y pasear por las calles de Armenia en posesión
cuenta: “la Carroza desfilaba por todos los de una diadema reluciente.
barrios, en carretas, jaladas por bueyes desde Es como un sueño recordarlas. Pero sería
arriba la soberana lanzaba dulces y flores a su una película demasiado prolongada. Lo único
paso por las calles a los seguidores de la car- posible sería ponerlas en una MOVIOLA y cor-
avana. Su vestido era hermoso, así como los tarla hasta que tuviera un tamaño lógico.
ramos y sus banderolas”, afirma. Una MOVIOLA era una máquina en el mundo
En los años cincuenta los armenienses com- del cine, que si se usaba bien podía facilitar,
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