Page 89 - COLECCION HERNAN RIVERA MAS DOS CUENTOS
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golpea sin intermisión; golpea hasta quedar aplastado
contra la puerta como un pobre borracho matinal. Tras
un rato de tregua, con unos lánguidos golpecitos
desarticulados, mirando el suelo a su alrededor, vuelve
a llamar. Mientras golpea, sus ojos erráticos no dejan
de escudriñar el suelo a derecha e izquierda como si
buscaran algo.
Después, delirante, prosternado ante la puerta,
pidiendo sin voz que por favor le abran, mientras un
amasijo de lágrimas y arena corre por sus mejillas
irredentas, el hombre, con una piedra redonda como
canica, reanuda los golpes en la puerta de esa casa en
escombros de aquella vieja salitrera abandonada…
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