Page 79 - libro de los detalles plasticos en el arte romanico.Fernando Ezquerra Lapreta
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en la Segunda Era, la conocida como la de la Encarnación del Hijo. Para un seguidor de
                  Fiore, la Tercera Era, la del Espíritu Santo, se iniciaría  en 1260, una fecha marcada

                  tanto por el Evangelio de San Mateo como por el Apocalipsis.

                         De entrada, la profecía utilizada por Fiore sobre la cifra de 1260 se encuentra

                  en la Biblia en dos libros:

                  a) El profeta Daniel: VII, 25; XII, 7.

                  b) El libro del Apocalipsis de san Juan: XI, 2; XI, 3; XII, 6, XII, 14; XIII, 5.
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                         Pero, Joaquín de Fiore, junto a los textos anteriores del profeta Daniel y de San

                  Juan, también utilizó el evangelio de San Mateo (Mt. I, 1-17) para postular la fecha
                  profética  de  1260,  argumentando  que  lo  mismo  que  transcurrieron  42  generaciones

                  entre Abrahán y Jesucristo, la segunda Época, la de la Encarnación del Hijo, finalizará
                  en este año, es decir, 42 generaciones después de Jesucristo. ¿Cómo lo calculó? Para

                  Joaquín de Fiore, Jesucristo engendró a sus hijos espirituales a los 30 años, cuando
                  comenzó  su  vida  pública.  Por  eso,  cada  generación  a  partir  del  Nuevo  Testamento

                  tienen que contarse de 30 años. Por lo tanto, 42 generaciones de 30 años cada una,
                  hacen un total de 1260 años.

                         Es decir, para Fiore, la Encarnación de Cristo, la Segunda Era de la Salvación,

                  tiene una fecha de caducidad, el año de 1260.

                         Con esta interpretación, el de la Segunda Era, la Encarnación, Fiore acababa

                  “eliminando” a la Iglesia terrenal representada por Roma, San Pedro y los clérigos y,
                  en su lugar, anunciaba la llegada en 1260 de una Iglesia espiritual en la que El Espíritu

                  Santo, la Virgen María, San Juan Evangelista y los monjes serían los protagonistas.

                  “Joaquín  aplica  este  texto  a  su  tercer  estado.  De  hecho,  cuando  crea  su  propia
                  comunidad de monjes no lo hace con la idea de restaurar viejos ideales de perfección,
                  sino que lo hace mirando a un futuro preñado de novedad. Para él, San Benito fue el
                  “iniciador” de esa nueva era. Él quiere una nueva orden de eremitas, cuyo modelo de
                  vida  no  es  la  vida  apostólica,  sino  la  vida  de  los  ángeles...  Se  trata  de  “hombres
                  espirituales” comparables a los ángeles de los que habla el Apocalipsis (Apoc. 14, 17-
                  18)...

                  No  será  ya  éste  el  tiempo  de  la  Iglesia  de  los  sacerdotes,  porque  ellos  habían  sido
                  propuestos para la administración de las figuras... De esta manera, a la edad de Pedro
                  (la  iglesia  de  los  clérigos)  sucederá  la  edad  de  Juan  (la  iglesia  de  los  hombres
                  espirituales)."

                  PINEDA de la, J. A, (Departamento filosofía, Universidad de Oviedo), “Lógica del gran
                  tiempo  en  Joaquín  de  Fiore  (1130-1202)”,  en Teorema Vol.  XXII/3  (2003),  pp.  131-
                  142, p. 136
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