Page 84 - libro de los detalles plasticos en el arte romanico.Fernando Ezquerra Lapreta
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“Pero Tomás, uno de los doce, que se llamaba Dídimo, no estaba con ellos cuando vino
                  Jesús. Y los otros discípulos le dijeron: "Hemos visto al Señor". Mas él les dijo: "Si no
                  viere en sus manos la hendidura de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los
                  clavos, y metiere mi mano en su costado, no lo creeré".”



                         Sin  embargo,  en  esos  momentos,  como  acabamos  de  comentar,  ya  no  eran
                  doce  sino  once  los  discípulos  evangélicos  a  causa  del  abandono  y  suicido  de  Judas

                  Iscariote.  Cualquier  teólogo  redactor  y  estamos  hablando  del  claustro  de  Santo
                  Domingo de Silos, conocía estas citas evangélicas:                                         33


                  “Se apareció a los once”  (Mc. XVI, 14),

                  “Los once discípulos fueron a Galilea.”  (Mt, XXVIII, 16).

                         ¿Por qué esculpir, entonces, doce discípulos?


                         Tal  vez,  porque  el  teólogo  redactor  de  Silos  estaba  siguiendo  en  cuanto  al
                  número de discípulos (12) no el texto bíblico sino una voz de autoridad, es decir, un

                  escrito de un santo tenido por sabio. Pero, ¿a quién? Existe una posibilidad.

                  “Se preguntará por qué refiere el Evangelista que Tomás faltaba en aquel momento,
                  cuando Lucas afirma que dos discípulos que habían ido a Emaús, volvieron a Jerusalén,
                  encontrando reunidos a los doce. Pero es menester entender que medió cierto espacio
                  de tiempo desde la hora que se ausentó Tomás y la que estuvo Jesús en medio de
                  ellos.” (Beda el Venerable)





                                                                 ¿Cuál  es  el  otro  relieve  que  hay
                                                                 colocado junto al de la duda de Santo

                                                                 Tomás  en  el  Monasterio  de  Silos?,  el
                                                                 de los discípulos de Emaús (Lc. XXIV,

                                                                 13, ss.).

                                                                 De  hecho,  estos  dos  relieves  juntos
                                                                 constituyen   el    símbolo    de   la

                                                                 Resurrección,    del   acontecimiento
                                                                 salvífico  de  la  vida  de  Cristo  que

                                                                 representaría al Viviente de Marcos, el
                                                                 león,  en  el  tetramorfos  analógico  que

                                                                 constituye  el  conjunto  de  los  relieves
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