Page 33 - Cloe-y-el-poubolt-magico
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—¿Pitón de qué? —Cloe se fijó mejor y vio que estaba muy cerca de un cráter donde bullía lava—.
             ¿Un volcán? ¿Me has traído a un volcán activo? ¡Tú serás un espíritu que no come ni siente, pero yo

             aún estoy viva y aquí hace un calor asfixiante!


             François sujetó fuertemente a la chica y dio un enorme salto. Desde arriba, Cloe observó como el
             volcán erupcionaba. “¡Justo a tiempo!”, pensó.




                                                                                                 El brinco fue tan descomunal que pasaron por
                                                                                                 encima de la isla de Madagascar y aterrizaron
                                                                                                 en la de Mayotte, la otra isla francesa. François

                                                                                                 la llevó al océano, para refrescarse y también
                                                                                                 para  contemplar  el  arrecife  de  coral.  Cogidos
                                                                                                 de  la  mano,  Cloe  comprobó  que  la  magia  del
                                                                                                 Poulbot  le  permitía  bucear  sin  necesidad  de

                                                                                                 oxígeno. Por el arrecife de coral, descubrieron
                                                                                                 peces cofre que, con su piel amarilla y lunares
                                                                                                 negros,  le  recordaron  a  un  traje  de  flamenca;
                                                                                                 después,  nadaron  junto  a  tortugas  y

                                                                                                 mantarrayas,  con  cuidado  de  no  rozar  el
                                                                                                 aguijón  de  estas  últimas.  Antes  de  salir  del
                                                                                                 agua, un caballito de mar, símbolo de las islas,
                                                                                                 se acercó a despedirlos.
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