Page 37 - Cloe-y-el-poubolt-magico
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Cloe dudó un instante, pero como era curiosa y le gustaba probar alimentos nuevos, se abalanzó
sobre el bote. La cara que puso le indicó a François que el sabor le resultaba demasiado intenso.
—¿Y si la pruebas con caracoles, que es otra especialidad de aquí?
Junto a ellos, una señora intentaba sacar un caracol de su concha; tenía un suculento plato delante.
Cloe lo miró con asco, recordaba ver esos animales pasearse por su jardín los días de lluvia. Los
restos de babas que dejaban no la invitaban a meterse uno en la boca.
—¡Ni hablar!
Y no dijo nada más, ya que el caracol salió disparado de las manos de la señora y dio a parar justo en
la boca de Cloe, que se taponó como un corcho en una botella. Las risas del Poulbot eran tan fuertes
que incluso las oyeron algunos paseantes.
Para olvidarse del incidente, continuaron su trayecto en bicicleta y se fueron a explorar la Vía Verde
de Saona y Loira. Cuando François le explicó que la vía constaba de ciento veinte kilómetros, Cloe se
quedó blanca. Así que cuando vio la Abadía de Cluny junto al trayecto, decidió descansar y explorar el
lugar.
En el interior de la abadía reinaba el silencio y la calma, sólo interrumpido por el trinar de algún pájaro.
A Cloe le resultaba extraño, acostumbrada al ruido de la ciudad.