Page 159 - Confesiones de un ganster economico
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                        herramentales, podrían servir para instituir cambios fundamentales en el mundo. Ellas
                        tienen las redes de comunicaciones y los sistemas de transporte necesarios para acabar
                        con el hambre, la enfermedad e incluso las guerras... si fuese posible convencerlas para
                        que tomaran ese rumbo.
                           El imperio global, por otra parte, es la ruina de la República. Es un sistema
                        egocéntrico, egoísta, codicioso y materialista, basado en el mercantilismo. Como todos
                        los imperios anteriores, sólo abre los brazos para acumular recursos, para apoderarse
                        de todo y llenar sus insaciables tripas. Y sus dirigentes recurrirán siempre a todos los
                        medios que consideren útiles para hacerse cada vez más ricos y poderosos.
                           Conforme iba entendiendo esta distinción también veía más claro mi papel.
                        Claudine me lo había advertido. Me había anunciado con toda sinceridad lo que se me
                        exigiría si aceptaba el trabajo que me ofrecía MAIN. Pero hacía falta la experiencia de
                        trabajar en países como Indonesia, Panamá, Irán y Colombia para una comprensión
                        profunda de lo que eso significaba. Y también hacía falta la paciencia, el amor y los
                        antecedentes de una mujer como Paula.
                          Yo era leal a la república norteamericana, pero lo que estábamos perpetrando a
                        través de esa nueva y muy sutil forma de imperialismo era, en lo financiero, la
                        repetición de lo que habíamos intentado en Vietnam por lo militar. Sin embargo, el
                        Sudeste asiático nos había enseñado que los ejércitos tienen sus limitaciones. Los
                        economistas reaccionaron ideando un plan mejor. Y las agencias internacionales de
                        ayuda, así como los contratistas privados al servicio de ellas (o mejor dicho, que se
                        beneficiaban de los servicios de ellas), habían aprendido a ejecutar ese plan con gran
                        eficacia.
                          En los países de todos los continentes yo veía cómo los hombres y mujeres que
                        trabajaban para las empresas estadounidenses, aunque no formasen parte oficialmente
                        de las redes del gangsterismo económico, participaban en algo mucho más pernicioso
                        que lo denunciado por las teorías conspirativas al uso. Como la mayoría de los
                        técnicos de MAIN, estos trabajadores estaban ciegos a las consecuencias de sus
                        acciones, convencidos de que los talleres y fábricas piratas que producían zapatos y
                        repuestos de automóvil para sus compañías contribuían a redimir de su pobreza a los
                        pobres, sin darse cuenta de que los empujaban hacia una esclavitud muy parecida a la
                        de los feudos medievales y las plantaciones sureñas. Y al igual que en esas
                        manifestaciones primitivas de la explotación, los modernos siervos o esclavos eran
                        inducidos a creer que habían mejorado su suerte, en comparación con los infelices
                        marginales que habitaban las regiones míseras de Europa, las selvas de África o el
                        Oeste salvaje norteamericano.
                           Mientras tanto, la batalla interior que yo libraba a cerca de si debía continuar en
                        MAIN o abandonarla se había convertido en una guerra
























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