Page 186 - Desde los ojos de un fantasma
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Dentro del cuarto de los cautivos la situación no era muy diferente. La estatua de
Fernando Pessoa se hundía cada vez más en un mutismo triste y reflexivo; la
cazadora, a pesar de encontrarse junto a su dueño, era presa de la incertidumbre:
parecía intuir que algo muy grave estaba por suceder. Mientras tanto, Juan Pablo,
nervioso, tarareaba fados del tiempo de sus abuelos.
Únicamente Sara parecía conservar la calma. Incluso trataba de encontrar una
forma de salir de allí.
—¡Ya lo tengo! —anunció la niña después de un rato—. Creo que existe una
posibilidad de escapar.
—¿Debo firmar el contrato? —preguntó Juan Pablo con resignación.
—No, eso nunca. Encontré una solución todavía mejor —explicó Sara—. ¿Ellos
quieren un cantante de éxito? Pues les fabricamos un cantante de éxito.
—No te entiendo.
—¿Tu cazadora es abrazadora?
—La más abrazadora del mundo, mira… —respondió el fadista, y entonces la
prenda rodeó con sus mangas el cuerpo de Juan Pablo. Parecía una cariñosa
camisa de fuerza… cazadora de fuerza, para ser más exactos.
—¡Perfecto! —exclamó Sara, emocionada—. Ahora necesito que improvises la
canción más espantosa que se te ocurra. Algo realmente horrible pero que tenga
una rima pegajosa.
—¿Un fado? —preguntó Juan Pablo.
—Un fado, un blues o hasta un chachachá. Lo primero que te venga a la cabeza,
pero que sea muy, pero muy malo —respondió la niña.
El fadista cerró los ojos buscando inspiración. Trataba de encontrar a la musa
defectuosa que de vez en cuando se posa en el hombro de los artistas queriendo
suplantar a su hermana la musa creativa. Era urgente que la localizara porque la
mente de Míster Ex Doble comenzaba a maquinar soluciones francamente
radicales.