Page 71 - Escalera al cielo
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por el suelo y trepó por las piernas de tu atribulada mamá
y llegó a su cuello y se metió en su oído para tratar
de conmoverla o al menos moverla un milímetro
de su desconsuelo y que aceptara.
Está bien, dijo al final, vamos, ¡¿qué se le va a hacer?!,
sigues siendo un niño. Y yo la miré, agradecido,
desde mi pequeña estatura, retorciéndome la camisa
con los dedos. Y así, como un niño, siendo tan solo
un niño, me hubiera gustado ir de la mano contigo.
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Era el veintitrés de junio, era la noche de San Juan,
cuando el cielo se abre. Era una carpa plateada
la que habían montado, allí donde antes
solo hubo un triste terreno baldío; allí donde
la gente apilaba su basura; el mismo espacio cotidiano,
transformado en una verdadera embajada del cielo.
El cielo en la tierra baldía. El cielo en el suelo,