Page 164 - DERECHO INDÍGENA Y DERECHOS HUMANOS EN AMÉRICA LATINA (1988)
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para él, para que pueda adquirir allí los instrumentos que sirvan a su
descolonización, para que estos sectores ataquen dicha carrera, acusándola de
discriminación y de contribuir a la creación de caciques ilustrados. Esto ratifica su
desconfianza básica en la autogestión indígena, su absoluta falta de fe en el
pueblo real de México: no quieren gente que pueda mañana discutirle de igual a
igual.
5. Mucho hablan los antropólogos de liberación, de destruir la sociedad
capitalista para que el indígena pueda conseguir la igualdad y el pleno
reconocimiento de sus derechos. Se les ve hundirse en gruesos volúmenes y
discutir denodadamente en los foros académicos, donde lucen sus conocimientos.
Muchos de ellos no quieren aceptar puestos dentro de las instituciones que
realizan una acción indigenista, para no transar. Pero se quedan ahí, nunca se les
ve aparecer en las comunidades con ánimo de concientizar a la gente, de ayudar
a avanzar por el camino de la liberación. ¿Creen que la revolución se hará en las
universidades, bajo la impunidad de torre de cristal que les da la autonomía?
Realmente, esta concepción de la antropología social es muy cómoda y hasta
reaccionaria, en cuanto su actitud traduce un desprecio o desconfianza del pueblo
indígena y sus posibilidades. No admitimos más dialéctica que la que surge de la
praxis. No admitimos más discursos políticos que los que se preocupan de
explicar los puntos de vista del indígena, su pensamiento liberador, ni más ciencia
que la que sirva a nuestra liberación. Sólo creemos y apoyaremos a los
antropólogos que vengan a nuestras filas a unirse a nuestra causa. Lo demás es
charlatanería y pedantería.
La tierra, nuestro origen y destino
1. Nos pronunciamos por la cesación de entrega de tierras a título
individual, pues eso fomenta el individualismo en nuestros pueblos
tradicionalmente comunitaristas. Las futuras dotaciones ejidales deben ser en
forma colectiva, y el Estado debe crear políticas crediticias y de otra naturaleza
que alienten la unión de ejidatarios en empresas colectivas.
2. El indígena no es un obstáculo para el progreso del país, pero tampoco
será su carne de cañón. El problema no radica en la diversidad étnica, sino en la
desigualdad y la explotación que mantienen a casi diez millones de personas fuera
de la riqueza social. El día en que la igualdad sea un hecho los pueblos indígenas
evolucionarán actualizando su cultura. Desde ya que este desarrollo indígena no
será igual al desarrollo capitalista que se da a nivel nacional, pero no por eso,
contrario al interés general. Éste es lo que beneficia a los pueblos, y no al sistema
económico que los oprime.
3. Reiteramos una vez más el pedido de devolución de nuestras tierras, y el
control para nuestras organizaciones de los recursos naturales que existen en las
mismas, especialmente las aguas y los bosques. En cuanto a los productos del
subsuelo, exigimos una participación en los mismos, y que se nos consulte y tenga
en cuenta nuestra opinión en cuanto a la racionalidad de su explotación. El
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