Page 42 - EL COMANDANTE 5
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una colina, en cuya cima se encontraba uno de los batallones de la división Ayerza, cuando vi que
            los  chilenos  habían  efectivamente  penetrado  por  ese  claro  desguarnecido  y  nos  atacaban  de
            revés. Entonces dije al Dictador: “Los chilenos están detrás de nuestra línea y nos atacan por
            la espalda”. El Dictador miró atónito y sin decir palabra, dio vuelta a su caballo y partió hacia
            Chorrillos…”

            Mientras las tropas de Ayarza combatían esforzadamente envié a uno de mis ayudantes a solicitar
            del coronel Suárez, que mandaba la reserva y se encontraba a retaguardia, que acudiera en nuestro
            apoyo  y  tratara  de  contener  al  enemigo  que  avanzaba  sin  mayor  obstáculo  por  el  boquete
            desguarnecido, Suárez me mandó decir, en respuesta, que no podía acudir a mi llamamiento
            por haber recibido orden del dictador de retirarse a Chorrillos. Continuaba, entre tanto, la lucha
            en el ala derecha y el fuego se generalizaba en toda la línea. Ya no era posible sustraer ninguno de
            los batallones que tomaban parte en la refriega para oponerlo al avance del enemigo.
            Dejando a Ayarza que sostuviera la derecha, me encaminé hacia el centro de la línea, defendida por
            la división Pereira y con la cual estaba la artillería. Dispuse que ésta intensificase el fuego sobre las
            tropas enemigas que avanzaban por el frente, y ordené a Pereira que se sostuviera allí, haciendo
            que sus soldados se tendieran en tierra detrás de los montículos de arena formados en el cerro, a fin
            de hacer mejor puntería sobre el contendor, presentándole a la vez menos blanco.
            En seguida me dirigí a la izquierda, defendida por el coronel Lorenzo Iglesias, y al llegar encontré
            que sus tropas habían sido abatidas completamente, por no haber ocupado las posiciones que le
            indiqué  contrariando  mis  órdenes.  El  enemigo  había  rebasado  la  extrema  izquierda  del  sector,
            formada por el batallón Ayacucho.
            Encaminándome nuevamente hacia la derecha, se me dio parte que la división Ayarza había sido
            derrotada, tras dura e intensa pugna, y muerto heroicamente su valiente jefe.

            Así pues, en menos de tres horas-desde el alba hasta cerca de las nueve-nuestra línea había sido
            totalmente destrozada por el enemigo.
            Me encontraba ya sin soldados y solamente acompañado de mis ayudantes sobre una pequeña
            colina, donde mi presencia carecía ya de objeto, y además, casi rodeado por tropas enemigas que,
            en esos momentos, ocupaban la hacienda San Juan, afluyendo por uno y otro lado, después de
            haber dispersado también a Dávila, que constituía el ala izquierda de nuestra extensa y débil línea
            de defensa.










































          LDdA                                “EL COMANDANTE” | ENERO – FEBRERO - MARZO | AÑO 11 N° 39    42
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