Page 36 - EL COMANDANTE 4
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El 8 de febrero, 110 comandos embarcaron en un Hércules de la Fuerza Aérea, para volar desde
       el Grupo Aéreo N° 8 hasta el aeródromo de Shumba, en Jaén (Amazonas). La misión asignada por
       el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, del cual el BC-19 era fuerza estratégica, fue clara
       atacar Coangos para cortar la ruta de abastecimiento y comunicaciones ecuatorianas hace Falso
       Tiwinza, y provocar el mayor castigo posible a las tropas procedentes de dicha base enemiga.

       Al llegar a la selva fueron recogidos en varios camiones de civiles deseosos de colaborar. Allí se
       vivía una enorme efervescencia Patriótica, muy diferente al relajado ambiente limeño, donde la
       gente solo pensaba en irse a veranear. El viaje continuó por tierra hasta el puerto de Imaza, y luego
       en  botes  y  hasta  Peque-Peque  (canoas  a  motor)  hasta  Uracuza  –base  de  mantenimiento  de
       helicópteros-  y  luego  al  campo  aéreo  de  Ciro  Alegría,  base  de  los  helicópteros  militares  en
       operaciones hacia el PV-1.

       Rápidamente, se armaron patrullas mixtas incorporando a otros comandos que habiendo arribado
       a mediados de enero había luchado en la conquista de Cueva de la Tayos y Base Sur junto al
       Batallón de Infantería de Selva Callao N° 25.
       DONDE LAS PAPAS QUEMAN

       “Yo había servido antes en la zona en el BIS-25, y como el alcalde Octavio Shcaime Huahua me
       conocía llegó aportando varios guías. Embarcamos en ocho helicópteros MI-8 y volamos hacia el
       Cenepa. De pronto, sobre Jiménez Banda, la aeronave de punta piloteada por el recordado Mayor
       Da Cruz, detecta un misil antiaéreo procedente de la
       Base  Ecuatoriana  Cóndor  Mirador  que  explota  a  su
       máximo alcance”, agrega. Eso los obligó a regresar a
       Ciro Alegría y al día siguiente, buscar otra ruta hacia el
       este de la Cordillera de Huaracayo, que sin advertirlo
       los llevó a sobrevolar brevemente otra base enemiga,
       Coangos,  Felizmente,  sus  defensores  estaban
       distraídos y las aeronaves pudieron arribar a PV-1 en
       vuelo rasante por infiltración y sin problemas.
       Con  las  últimas  luces  del  atardecer  los  comandos
       avanzaron cuatro kilómetros de tupida selva, cruzando
       el  río  hasta  en  dos  oportunidades,  rumbo  a  la  “Y”,
       donde estaba el puesto de socorro médico avanzado.
       Hacia la mano derecha estaba Cueva de los Tayos y Base Sur, ya reconquistados, y hacia el este
       la nueva zona de combate adonde debían llegar. Pero les ganó la noche y se detuvieron a acampar.
       La oscuridad era tal que no se veían ni las palmas de las manos. Además, bajó la temperatura y
       empezó na lluvia torrencial. Sin embargo, nada afectó la altísima moral de esta gente experta en
       guerra  contrasubversiva,  cuya  rutina  era  acudir  en apoyo de  los Rentes  Militares  del Huallaga,
       Mantaro o Huamanga “cuando las papas queman”
       Esa noche descansaron, apretujados bajo unos plásticos a modo de carpas, cerca de Cueva de los
       Tayos.  Al  amanecer  continuaron  el desplazamiento  y  luego  hicieron  un  alto,  cuando  de  pronto
       oyeron el ronroneo de lo que creyeron era una avioneta. “Fue breve y pensé que tal vez era de
       narcotraficantes lo que me pareció extraño”, cuenta el veterano de guerra. Sin embargo, minutos
       después de informar por radio las novedades al puesto de comando de Uracuza, se desató un
       bombardeo cerca de la posición.
       Por seguridad, la unidad se movió hacia Base Sur, donde se enteraron que el ataque fue de tres
       aviones A-37 ecuatorianos procedentes de la base de Macas. Y que el ronroneo había sido un UAV
       (Vehículo Aéreo no Tripulado, por sus siglas en inglés), cuya función era hacer radiogoniometría
       para  determinar  las  posiciones  peruanas  y  orientar  el  bombardeo.  “Todo  esto  nos  obligó  a
       replantear la estrategia y en lugar de rodear Coangos para golpear por la retaguardia, resolvimos ir
       de frente y tocar la puerta”, afirma el combatiente. Efectivamente, lo ideal hubiera sido dar un rodeo,

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