Page 192 - El Misterio de Belicena Villca
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revelado, ni porque lo que sigue carezca de importancia, sino porque el tiempo se
me acaba, porque presiento que Ellos están cada vez más cerca y deseo que Ud.
reciba la carta antes que los Golen ejecuten la Sentencia. Sólo le pido Dr., más
bien le suplico, que efectúe su lectura completa y después juzgue: sé que mi
condición de “enferma mental” resta no poco crédito a su contenido si el mismo
fuese juzgado racionalmente; pero, no he de negarlo, confío en que Ud.
adoptará al fin otro punto de vista.
He de abandonar, pues, a los satánicos Inmortales, quienes no tardarían
en regresar al Templo de Melquisedec, para referirme nuevamente a los Señores
de Tharsis. Ahora se comprenderá cómo la necesidad que la Casa de Tharsis
tenía de sobrevivir influyó y dio orientación definitiva a la Estrategia del Circulus
Domini Canis; y cómo esta estrategia culminó cuando la inspirada gestión de
Felipe IV concretó sus objetivos.
Noso de Tharsis se aprestaba a volver a la Caverna Secreta cuando la
Peste hizo su presencia en la Casa de Tharsis. Enseguida comprendió que era
allí el único sobreviviente y, dominando la furia guerrera que brotaba de su
Espíritu, trató de evaluar con calma la situación. Tratándose de un ataque de los
Golen, no cabía alentar esperanzas sobre los restantes miembros de la familia,
salvo los Hombres de Piedra que, como él, eran evidentemente invulnerables. Se
dispuso pues, a aguardar la confirmación de lo ocurrido con la expedición del
Conde de Tarseval y, durante esa espera, comprobó con horror que los cuerpos
de sus parientes se transformaban en betún de Judea. Al llegar Lugo de Braga y
comenzar el pillaje, Noso no necesitó más datos para saber la suerte corrida por
el Conde y sus Caballeros: y en ese momento sólo pensó en la Basílica de la
Virgen de la Gruta, y en su imagen, lo más valioso que quedaba allí para un
Hombre de Piedra. Sin meditarlo dos veces, corrió hasta la Iglesia, espada en
mano. Una partida de quince soldados había llegado ya, quizá con intención de
robar el Cáliz de Oro, y tuvo que enfrentar la furia del Guerrero Sabio: combate
desigual para los almogávares y para cualquier guerrero no Iniciado, que les
costó la vida.
Al acercarse al altar, Noso, que estaba seguro de llegar primero, comprobó
con asombro en la estatuilla del Niño de Piedra una mutilación: alguien había
seccionado la mano de piedra que expresaba la Vruna Bala. Mas no era ése el
momento de resolver el enigma. Noyo envolvió los bustos de la Virgen y el Niño
con una capa y ganó a caballo la orilla izquierda del río Odiel, adonde un sendero
poco frecuentado lo conduciría hacia la Sierra Candelaria.
Las noticias sobre el exterminio de gran parte de la familia conmovió a la
dura anciana: mil setecientos años antes, otra Vraya había pasado por una
situación semejante. No era posible, dijo casi para sí misma, que tanto esfuerzo
fuese en vano. Pese a todos los ataques sufridos hasta entonces, la Casa de
Tharsis consiguió superar siempre los momentos difíciles, aunque ninguno tan
crítico como el presente; pero también los progresos fueron muchos: la pauta
familiar estaba casi cumplida; el Culto del Fuego Frío hacía siglos que brindaba
Hombres de Piedra a los Señores de Tharsis; y habían conservado la Piedra de
Venus, el más preciado trofeo para el Enemigo; sólo faltaba un último esfuerzo de
purificación sanguínea, que la familia produjese un Hombre de Piedra capaz de
comprender a la Serpiente con el Símbolo del Origen, es decir, a uno que fuese
capaz de proyectar el Signo del Origen sobre la Piedra de Venus; ese Iniciado
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