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Historia social  de  la literatura y el  arte







               ción.  Entonces la gente empieza a hablar de pronto en todas partes



               de la crisis del capitalismo, del fallo de la economía libre y de la so­


                ciedad  liberal,  de  una  catástrofe  inminente y  de  la amenaza de  re­


               volución.  La historia de  ios  años  treinta es  la  historia de  un perío­


                do  de  crítica social,  de  realismo  y activismo,  de  radicalización  de



                las  actitudes  políticas,  y  de  la  convicción  cada  vez  más  extendida


               de que  sólo  una solución  radical puede servir de algo;  en otras  pa­


               labras, que los partidos  moderados se han acabado.  Pero en ningu­



                na parte  hay  mayor certeza de  la crisis  por que  está atravesando  el


               modo burgués  de vivir que entre  ia burguesía misma, y en  ningu­


               na parte  se  habla tanto del  fin de  la época burguesa.  El fascismo y


               el  bolchevismo están de acuerdo en considerar al burgués como un



               cadáver viviente  y  en  volverse  con  la misma  intransigencia contra


               el  principio del  liberalismo y  el parlamentarismo.  En conjunto,  ia


               intelectualidad se coloca de parte de  las  formas autoritarias  de go­



               bierno,  pide  orden,  disciplina,  dictadura,  se  llena  de  entusiasmo


               por una nueva Iglesia,  una escolástica y un nuevo bizantinismo.  La


               atracción del fascismo sobre el enervado estrato literario, confundi­


               do por el vitalismo de  Nietzsche y  Bergson, consiste  en  su ilusión



               de valores absolutos,  sólidos,  incuestionables, y en  la esperanza de


               librarse  de  la  responsabilidad  que  va  unida  a  todo  racionalismo  e


               individualismo.  Y del comunismo,  la intelectualidad  se promete a



               sí misma el contacto directo con las amplias masas del pueblo y la


               redención de  su propio aislamiento en  la sociedad.


                          En esta precaria situación, los portavoces de la burguesía libe­


               ral  no pueden pensar en nada mejor que en subrayar las caracterís­



               ticas  que el fascismo y el  bolchevismo  tienen en común y desacre­


               ditar el uno por el otro. Señalan el realismo sin escrúpulos, peculiar


               de  ambos,  y  encuentran  en  una  tecnocracia  implacable  el  común



               denominador a que pueden reducirse sus formas de organización y


               gobierno1. Caprichosamente, prescinden de las diferentes ideologías


               entre  las  varias  formas  autoritarias  de  gobierno  y  las  presentan


               como meras  «técnicas»,  esto es,  como el distrito del entendido deí



               partido,  del  administrador  político,  del  ingeniero  de  la  máquina





                          1 Hermann  Keyserimg,  Die muentstehende  Welt,  1926; james Burham,  The Mana­
               gertal Revolution,  1941.






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