Page 39 - Coleccion d elibros de lectura
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—No me gustaría ofender al fantasma.
                                                           Considero —agregó, dirigiéndose a los
                                                           gemelos— que no fue correcto haberle
                                                           tirado almohadas a la cabeza.
                                                               Los pequeños rieron a carcajadas.
                                                               —Por otro lado —continuó el señor
                                                           Otis—, si se niega a utilizar el aceite
                                                           quitarrechinidos, nos veremos en la
                                                           necesidad de quitarle sus cadenas, pues
                                                           será imposible dormir con ese ruido.

                                                               Durante la siguiente semana, la
                                                           familia Otis no fue molestada por el
                                                           fantasma. Lo único que les sorprendió fue
                                                           que la mancha aparecía continuamente
                                                           en el piso cerca de la chimenea, pero cada
                                                           día de diferente color, a veces rojo, otras
                                                           veces morado, y en una ocasión apareció

                                                           de color verde esmeralda. Estos cambios
                                                           de color divirtieron mucho a la familia,
                                                           excepto a la joven y dulce Virginia.
                                                               El fantasma hizo su segunda aparición
                                                           un domingo por la noche.
                                                               Estaban todos dormidos cuando un
                                                           terrible ruido se escuchó en el vestíbulo.
                                                           Rápidamente bajó el señor Otis y
                                                           observó que una gran armadura estaba
                                                           tirada en el suelo; al lado se encontraba

                                                           el fantasma de Canterville sobándose
                                                           la rodilla. Los gemelos lo habían
                                                           derribado disparándole con cerbatanas.
                                                               El señor Otis quiso continuar la broma
                                                           y gritó “manos arriba”. El fantasma,
                                                           indignado, se levantó, corrió a la parte









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