Page 40 - Primer libro VIM
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de lo que hemos venido diciendo. En otras palabras, lo que nos hace súper mujeres o súper hombres, no
               es el cuerpo que tenemos, ni las cosas que poseemos; lo verdaderamente esencial no está en lo que somos
               por fuera, sino en lo que somos por dentro.

               Santiago Velázquez nos lo ha compartido de muy diversas maneras: su vida se transformó radicalmente después
               del accidente, haciéndose cada vez más plena. Aunque a decir verdad -como él mismo lo ha dicho-, su vida
               comenzó a ser plena no por el accidente (el Movimiento VIM no tiene ningún interés ni la más mínima intención
               de promover los accidentes como algo deseable o recomendable); es decir, la plenitud vino en el momento en
               que tomó la decisión de hacerse responsable de su propia vida, incluida por supuesto, su discapacidad: aceptarla
               como su principio de realidad y, desde esa plataforma, moverse. Ir avanzando hacia adelante.


               La consulta hecha a las 200 PCD nos corrobora que aceptar y asumir lo que somos, es fundamental para lograr
               nuestra plenitud como seres humanos. Algunos datos de la encuesta resultan realmente interesantes en ese
               sentido. Por ejemplo, de 29 personas con discapacidad por accidente de automóvil que reconocen estar en etapa
               de aceptación (cfr. Gráfica 52, pág. 51), sólo 5 declararon que ninguna de sus aspiraciones ha sido afectada a raíz
               de la discapacidad; en cambio, de 21 personas que reconocen estar en etapa de realización (siguiente y última
               etapa que la psicología propone dentro del proceso de aceptación), 14 declararon que ninguna de sus aspiraciones
               ha  resultado  afectada  por  ese  motivo.  Cuando  asumimos  plenamente  nuestra  discapacidad  y  nos  hacemos
               responsables de ella, nuestras aspiraciones no resultan afectadas (66% así lo confirma); en cambio, cuando no la
               asumimos del todo, se reduce significativamente la posibilidad de una vida plena, exitosa y feliz (17%).

               Al desagregar por sexo, el resultado es probablemente el esperado: de los 137 casos de discapacidad por accidente,
               103 involucran a hombres contra sólo 34 casos de mujeres. La discapacidad causada por riña con arma de fuego o
               bala perdida, también reporta un resultado imaginable: 18 de los 26 casos, involucran a hombres; el resto, 8 casos,
               a mujeres. La causa más recurrente en el caso de las mujeres, son los accidentes de automóvil, con 18; seguido de
               caídas, con 4 casos; alberca o mar 1; y, otra causa, como secuelas de polio o negligencia médica, 3 casos.

               En  el  caso  de  los  hombres,  la  causa  más  recurrente  también
               son  los  accidentes  de  automóvil  o  motocicleta  con  42  casos;
               accidentes  de  trabajo  y  deportivos,  15  (por  cierto,  ninguno
               involucra a mujeres); accidente en alberca o mar, 4; caída de
               altura, 12 casos; y, otros accidentes (amputaciones, quemaduras,
               desgajamiento de tierra), 13 registros.

               Vale resaltar, finalmente, en relación con la Gráfica 13, que es muy
               alto el porcentaje de personas con discapacidad que la adquieren a
               través de accidentes (139) y, aún más alarmante, el hecho de que la mayoría de los accidentes son en automóvil
               (60 casos -dos de ellos en motocicleta-). También nos parece preocupante, aunque entendible por la época que
               estamos viviendo, la muy elevada cifra de 26 accidentes (13% del universo total) que son producto de riñas con
               arma de fuego o balas perdidas. Datos como estos, pueden ayudar al diseño de políticas públicas de prevención,
               como el uso del cinturón de seguridad y el combate a la violencia de género: en donde los hombres parecen seguir
               mostrando el mayor protagonismo.

               Por lo que respecta a la discapacidad causada por enfermedades, podemos destacar lo siguiente: representa el
               30% de las causas de discapacidad motora entre las 200 PCD que hemos encuestado para este trabajo. La causa
               más recurrente es la mielomeningocele con 27 casos y las secuelas de poliomielitis, con 15 casos. La parálisis
               cerebral ocupa el tercer lugar, con 7 casos. En menor grado, hay casos de enfermedades menos comunes, que
               vale la pena mencionar para tomar mayor conciencia de su existencia y sus implicaciones: espina bífida, 3 casos;
               tumores, 3 casos; osteogénesis imperfecta (huesos “de cristal”), 2 casos; meningitis, hidrocefalia y artrofia
               muscular espinal, 1 caso cada una. El número tan elevado de “otras enfermedades” nos habla precisamente
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