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viaja libremente por el espacio, llevaría asociada una onda, de
longitud A=hlp, donde p es una magnitud física llamada mo-
mento, que básicamente se define como el producto de la masa de
la partícula por su velocidad (p = mv ).
De Broglie hizo público el fruto de sus solitarias reflexiones
una vez licenciado, ante la Academia francesa de ciencias, en dos
breves comunicados en septiembre de 1923. Darían pie a una ver-
sión más completa, que convirtió en su tesis doctoral, al año si-
guiente. El director de la tesis, Paul Langevin, no sabía muy bien
qué hacer con ella. Le pareció tan ocurrente como improbable, así
que le pasó la patata caliente a Einstein, que la acOgió con entu-
siasmo: «Me parece un primer rayo de tímida luz, sobre el peor de
nuestros enigmas físicos».
El propio De Broglie acompañó su hipótesis de una sugeren-
cia de cómo verificarla. Señaló que si se lanzaban contra un cristal
electrones con una longitud de onda asociada de un tamaño seme-
jante a las distancias interatómicas del sólido (unos 10- m), al.
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otro lado se manifestaría un patrón de interferencia. La interferen-
cia es uno de los fenómenos que delata con más claridad la natu-
raleza ondulatoria de una entidad cualquiera (para más detalles,
véase el recuadro «Cruce de ondas», páginas 72-73). Una vez que
Einstein había estampado su sello de calidad sobre las especulacio-
nes de De Broglie, se dio luz verde al proyecto.
Los norteamericanos Clinton Davisson y Lester Germer lleva-
ron a cabo el experimento en los Bell Telephone Laboratories y
los ingleses Alexander Reíd y George Thomson hicieron lo propio
en la Universidad de Aberdeen. Ambos equipos encontraron que,
fueran lo que fuesen los electrones, se comportaban como ondas
al atravesar un cristal de níquel o una película de metal ultrafina.
Si los electrones se hubieran comportado como partículas, al
penetrar en la red de átomos de un sólido hubieran rebotado como
pelotas diminutas, en direcciones bien definidas. Sin embargo, al
contar los electrones desviados en cada dirección, se obtuvo una
dispersión amplia de perfil ondulatorio (véase la figura).
Los experimentos dictaban un veredicto inapelable: los elec-
trones escondían propiedades ondulatorias. Sin embargo, el avan-
ce de De Broglie, como venía siendo costumbre en los dominios
70 LA ECUACIÓN DE ONDAS