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devoro con ansias la carne, como lo dictara la
leyenda.
Mientras comía pensaba sobre su sabor, era
delicioso como de los peces de la laguna interior de
la isla. Su textura es más suave, su color más
agradable. Allí la pesca era magnífica, y se quedó
por unos días a disfrutar de la naturaleza.
Todo estaba dispuesto para volver, tenía
el talismán dentro de una bolsita atada a la canoa.
Luego de varias horas divisó el paisaje cotidiano de
las inmediaciones de su casa.
Primero divisó el caño del desagüe principal
de las cloacas de la ciudad, más allá está el puerto
de la industria química y entre este y el frigorífico la
curtiembre.
Paso lentamente frente a estos caños color
ocre que se sumergían en el agua.
Algunos de ellos, perforados por el óxido, se
podían apreciar en su interior el fluir de una
cantidad imprecisa de líquido fétido y oscuro
que descendía hacia el río. En todo ese sector las
hierbas estaban secas.
Todos los días veía lo mismo y no prestaba
mayor atención a la acostumbrada desolación del
paisaje, que se fue degradando con el pasar de los
años y hacía mucho que las aves y los monos se
habían retirado de la región, pero eso no lo
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