Page 330 - ANTOLOGÍA POÉTICA
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—No, no, no os engañaba. Pero, quisiera adquirir por otros medios lo que deseo.

                  —Entonces, no obtendrás nada. Los medios virtuosos y bonachones no llevan a parte
                  alguna.”


                  Precisamente la cita anterior refleja una similitud de pensamiento casi increíble entre el
                  autor  y  yo.  Las  palabras  anteriores  reflejan  con  total  diafanidad  la  forma  en  la  que
                  Ducasse  creía  que  funcionaba  el  mundo:  una  sociedad  egoísta  de,  animales  salvajes
                  impíos y poco empáticos o solidarios en la cual cada hombre está, en el fondo, solo, y
                  depende de sí mismo y de lo que está dispuesto hacer para su propio éxito. En esencia,
                  Maldoror le dice al niño con el que habla que la bondad y la gentileza son ineficientes, y
                  no lo van a llevar a ninguna parte, palabras que bien habrían podido salir de mis labios.
                  Y como Maldoror, que trata de dibujarse una sonrisa que se asimile a la malicia del
                  hombre, pero no lo logra a pesar de que él mismo es malicioso, así nos desentendemos
                  nosotros de la maldad del mundo, así seamos conscientes de ella y de nuestros propios
                  demonios, los cuales nos repugnan tanto como los de la humanidad.

                  Ducasse  abre  un  portal,  no  sólo  a  la  vida  en  sociedad  y  a  la  humanidad  como  ente
                  satánico sino a la introspección, a la meditación y comprensión de cómo cada uno de
                  nosotros  ansía  en  cierto  grado  el  mal,  nos  atrae,  nos  divierte,  pero  como  a  pesar  de
                  nosotros  mismos  ser  malos  nos  parece  atroz  y  ajena  la  misma  maldad  de  nuestro
                  prójimo.  Es  ese  desentendimiento  de  Maldoror,  de  Ducasse,  esa  aversión  hacia  la
                  humanidad y esa falta de comprensión tanto de los otros como de sí mismo la que me
                  cautiva, me identifica y me relaciona, porque justo como Ducasse, al darse cuenta de la
                  inevitable  y  emblemática  maldad  del  ser,  de  todo  ser  humano,  se  pierde  la  misma
                  esperanza en la humanidad, pero se haya la esperanza en lo antes desesperanzador, la
                  misma  maldad  del  ser,  el  respaldo  de  un  alma  solitaria  y  perdida  en  el  abrumante
                  existir.



                  Bibliografía:


                         •  Lautreamont, c. (1982). Cantos de maldoror (2nd ed.). México: Premia.
                         •  Conde de Lautréamont. (2020). Retrieved 26 March 2020, from
                             https://es.wikipedia.org/wiki/Conde_de_Lautr%C3%A9amont
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