Page 151 - Desde los ojos de un fantasma
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Tal vez varias, varias, varias horas más.
Los ejecutivos de Smileys & Inc. & Inc. & Inc. & Inc. seguían sin aparecer.
La cazadora continuaba practicando la invisibilidad aunque, por la hora, cada
vez menos personas caminaban por la rua Garrett.
En París el metro ya había cerrado (igual que la oficina de inauguración de
estaciones).
—En sus tiempos, ¿cuántos cafés diferentes había en Lisboa? —le preguntó Juan
Pablo al poeta, sin poder esconder en el tono de sus palabras una especie de
decepción.
—…
—Hoy solo nos va quedando uno: el Smileys Café. Tienen miles de sucursales
en todo el mundo pero en el fondo todos son la misma cosa. Plástico y sonrisas
falsas.
—…
—Nada tienen que ver con el Martinho da Arcada o A Brasileira. Antes cada
café tenía su carácter. Si estabas triste ibas a uno, si estabas feliz ibas a otro. En
cada uno encontrabas algo diferente.
—…
—Perdón, pero no le entendí… —se disculpó Juan Pablo por no comprender los
balbuceos con los que el poeta le había contestado. Sin embargo después de unos
segundos don Fernando continuó en silencio y el fadista comprendió que su
compañero de encierro se había quedado dormido.
Entonces Juan Pablo supo que ni las estatuas pueden escapar al prodigio del
sueño.