Page 156 - Desde los ojos de un fantasma
P. 156

—¡Una cosa es que me secuestren a mí, pero me parece que al meterse con

               Sarita se han pasado de la raya! —estalló el cantante al tiempo que, inútilmente,
               hacia un esfuerzo por liberarse de las esposas.

               —Tranquilo, señor Juan Pablo. Todo está en sus manos —dijo Míster Ex Doble

               queriendo parecer compasivo—. Si ustedes cooperan no habrá razón para
               lastimarlos.

               —¿Pero qué es lo que quieren? —preguntó la pequeña.


               —El señor Juan Pablo ha recibido una oferta de nuestra compañía, Smileys &
               Inc. & Inc. & Inc. & Inc., que al parecer no le ha convencido del todo. Se me
               ocurre que quizá tú podrías persuadirlo de que lo mejor es que acabe firmando

               un contrato con nosotros.

               Después el ejecutivo, con un inequívoco movimiento de cabeza, le exigió a la
               niña que entrara en la pequeña bodega.


               —Los dejo para que platiquen con tranquilidad —dijo el malhechor regresando a
               su acostumbrada ironía—. ¡Qué hermosa reunión! Un poeta, un fadista y una
               dibujante. Creo que solo les hacen falta unas tacitas de Café Invisible; ¿quieren

               que baje por unas?

               Y entonces, para festejar su supuesta ocurrencia, Míster Ex Doble estalló en una
               feroz carcajada. Después sacó otras esposas y con ellas unió el delgado brazo de

               Sara a una de las metálicas extremidades de Pessoa (la que sostiene una invisible
               taza de café). Posteriormente unió a Juan Pablo con el otro brazo del poeta y
               entonces cerró la puerta del cuartucho. Después de unos instantes de confusión,
               los rehenes se dieron cuenta de que había que tomarse las cosas con calma.
               Ayudados por los sacos de café y con muchísimo esfuerzo (nunca será fácil
               maniobrar esposado a una estatua), Sara y el fadista fabricaron un par de asientos
               para hacer más soportable la espera.


               —Te tengo buenas noticias —anunció la pequeña cuando por fin terminaron la
               complicada labor.


               —¡Anda ya! ¿Buenas noticias en medio de un secuestro?


               —Si no me crees busca en el fondo —respondió Sara señalando hacia la mochila
               que descansaba sobre el piso.
   151   152   153   154   155   156   157   158   159   160   161