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Otro pensador importante es sin duda, Bertrand Russell. Para Russell, el nuevo orden
mundial, un mundo cada vez más interconectado e interdependiente (globalizado, diríamos
hoy en día) requiere de una educación acorde con dicha realidad, es decir, una educación
mundial: “se requerirá, como condición mínima, que se establezca un estado mundial y,
posteriormente, un sistema mundial de educación”. Finalmente, el tiempo le daría la razón a
Russell, pues en el fondo, organismos internacionales como la UNESCO pretenden una
relativa estandarización educativa en la mayoría de los países del mundo.
Por otro lado, en el siglo XX se consolida de dependencia de la pedagogía con la psicología.
Actualmente, existen muchas escuelas o corrientes pedagógicas, como el asociacionismo,
introspeccionismo, intencionalismo, funcionalismo, conductismo, gestalsismo,
operacionalismo, cogniscionismo, estructuralismo, etc. Todas estas corrientes pedagógicas
han emanado de la estrecha relación entre la psicología y la pedagogía.
Sin embargo, serían los trabajos del psicólogo Jean Piaget, los que transformarían la
pedagogía para siempre. La importancia de los trabajos de Piaget en el ámbito de la
pedagogía se deben a que clasifica las etapas de desarrollo psicológico del niño, por lo
tanto, desde el momento en que la psicología demuestra que un niño de 4 años es incapaz
de razonar sobre hipótesis y abstracciones, no tiene sentido ningún tipo de instrucción de
contenidos altamente abstractos en el niño.
De modo que la psicología, sin que fuera ese su objetivo, delimita claramente el campo de
acción de la pedagogía, convirtiéndose en una ciencia fundamental para la educación. De
acuerdo con Piaget, de los 0 a 2 años, el ser humano vive un periodo sensitivo-motor, por lo
que la educación debe enfocarse en movimientos, en vez del lenguaje. Posteriormente, de
los 2 a los 7 años, el niño es capaz de originar imágenes mentales mediante el lenguaje;
por lo tanto, puede aprender el lenguaje y una serie de conocimientos básicos y operaciones
matemáticas sencillas, sin descuidar el desarrollo motor.
Después, entre los 7 y los 11 años, el niño es capaz de articular su pensamiento sobre
objetos que caen inmediatamente bajo los sentidos; por lo tanto, el niño puede obtener una
educación más formal, pero siempre relacionada con su experiencia inmediata. Por último,
de los 12 a los 15 años, el preadolescente puede razonar sobre objetos e hipótesis, es decir,
ya tiene una capacidad de abstracción; por lo tanto, sólo hasta los 15 años, la educación
puede incluir cualquier área del conocimiento.
Como puede verse, el desarrollo de la psicología no sólo sirvió de base para la pedagogía,
sino que además, le ofrece sus posibilidades y sus limitaciones; delimita en gran medida su
campo de acción.
Actualmente, el panorama de la educación es incierto. Por un lado persisten muchas
resistencias de una educación tradicional, por otro, existen muchas corrientes
aparentemente novedosas pero poco consistentes. A pesar de ello, la educación y los
ideales educativos son finalmente un reflejo de la sociedad, que al estar en constante
cambio, genera un cambio constante en la educación.
Por último, tomaremos los aportes de Moreno, Poblador y Del Río (1980) junto con otras
fuentes y daremos una mirada panorámica, de las directrices de la educación actual. Para
ello, analizaremos un cuadro.