Page 42 - Mahabharata
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Historia De Sakuntala
7. Sambhava
(Los Orígenes).
Capítulo I
DUSHMANTA
USHMANTA fue un poderoso rey de la dinastía Paurava. Durante su reinado no
D había mestizaje entre sus súbditos, no había necesidad de arar la tierra o hacer
minas y nadie hacía el mal. Todos eran virtuosos y hacían las cosas por motivos virtuosos.
No existía el miedo a los ladrones, ni al hambre, ni a la enfermedad. Todos, en las cuatro
categorías sociales, se contentaban con hacer sus respectivas tareas y nunca realizaban
ritos religiosos con el propósito de que se cumplieran sus deseos. Los cielos traían
la lluvia en la estación apropiada y los productos del campo siempre eran carnosos y
jugosos. La Tierra estaba llena de todo tipo de riquezas y de todo tipo de animales.
El joven Dushmanta estaba dotado de una gran fortaleza, era amado por sus súbditos
y gobernaba su satisfecho pueblo virtuosamente.
En una ocasión, se fue a cazar a los bosques con una numerosa comitiva de soldados
de a pie, caballería, carros y elefantes.
Después de cazar en varios bosques y de atravesar una zona desértica, el rey llegó a
un precioso bosque sobre el delta del río Malini en el que había numerosos santuarios de
ascetas. Era la morada de Kanwa, un famoso rishi de la escuela Kasyapa, cuyos méritos
eran tales que debido a su esplendor resultaba difícil fijar la vista en él. Deseoso de ver
al rishi, Dushmanta dijo a sus tropas: « Voy a ver al gran rishi de la dinastía Kasyapa.
Quedáos aquí hasta que yo regrese ». Y despojándose de todos los signos de realeza,
entró en el bosque acompañado solamente por su ministro y su sacerdote.
Al poco, llegó a la ermita de Kanwa y dejando fuera a sus dos acompañantes entró
en ella en busca del rishi. Dentro se encontró con una hermosa joven que le conoció al
instante y le preguntó qué deseaba. « He venido a presentar mis respetos al venerable
Kanwa. ¿Dónde se encuentra en este momento? », dijo el rey, a lo cual la joven respondió:
« Mi ilustre padre ha ido al bosque a buscar frutos. Esperad un momento y le veréis
llegar. »
Entonces el rey miró a la joven que le había hablado y vio que tenía hermosas caderas,
una perfecta simetría en su figura, y una encantadora sonrisa. Estaba radiante y adornada
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