Page 161 - Egipto Tomo 1
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á mi lado en derredor del sencillo hogar; á aquellas mujeres de elegante figura y aire
distinguido, que lanzando plañideros lamentos acompañaban un cadáver: á aquellas gentes
que, á mi parecer, constituyen la raza más perfecta de cuantas he visto en Egipto. Sí,
en los estados todos del Jetife no existen tipos más varoniles, rostros que mejor reflejen
el sentimiento de la propia dignidad y del valor personal , que los que moran en los lugares
que un tiempo ocuparon los Hyksos de quienes descienden. En un principio, en la época
de los faraones, distinguióseles con el nombre de Amu, genérico de todos los asiáticos de
raza semítica; más adelante se les llamó Biamitas, (Pi-aum). En los siglos noveno y décimo
de nuestra era, dieron no poco en que entender á los califas Merwan II y Mamun. El
nombre de Malakijin con que á sí mismos se distinguen, les viene de los tiempos en que
pertenecían á la grey cristiana; pues en tanto que los demás egipcios aceptaron la doctrina
de Eutiques, los Biamitas permanecieron fieles á la fe ortodoxa llamándose Melkites, es
decir, «realistas ó súbditos del César.» Jamás llegaron á someterse al poder de los franceses,
Y sólo de algunos años acá las autoridades han conseguido que sus hijos concurran a.
servicio militar. La abertura del canal de Suez ha fijado al lago Menzaleh por el lado de
Oriente un nuevo límite, si así cabe decirse, tirado á cordel.
Y ahora prosigamos nuestro camino hácia el Oeste. En las cercanías de Damieta
(Damyat), junto á la embocadura del antiguo brazo tanítico, hoy brazo de Damieta,
encontramos una comarca que con ser llana y dilatada como el resto de la Delta, ofrece
muchos rasgos singulares. Desde luego el europeo puede fijar la atención en los campos
en que con gran esmero se cultiva el arroz, cuyas principales operaciones tienen lugar
en los meses de Setiembre y Octubre. Dicho cereal no era completamente desconocido
por los egipcios que vivían en los tiempos inmediatos á la época de los sucesores mace-
dónicos de Alejandro el Grande; pero su cultivo fué introducido en el país por los árabes
que lo llevaron al Nilo desde las comarcas de la India, de donde es originario.
Poco hay que decir de Damieta, la entrada de cuyo puerto, que rodean edificios de
bastante altura, en no muy buen estado de conservación, hállase dificultada por una gran
barra de arena. Su bazar es de inusitada longitud: en sus mezquitas vense columnas
preciosísimas, procedentes de más antiguas construcciones: los arrabales ostentan fron-
dosos jardines, el más notable de los cuales es propiedad del cónsul de Alemania, simpático
y rico levantino apellidado Surur. Damieta cuenta en el dia unos treinta ó cuarenta mil
habitantes. Su celebridad era poco ménos que nula en la antigüedad, y en la época de
los árabes alcanzó notoria importancia merced á sus tejidos, preciosísimas estofas y
finísimos brocados enriquecidos con imaginería, principalmente labrados por operarios
cristianos: pieza había que no bajaba de tres cientos dinares, como si dijéramos mil dos-
cientas pesetas , y por consiguiente y teniendo en cuenta el valor de la moneda , puede
comprenderse lo que su riqueza significaba. Al prolongado sitio que sufrió en tiempo de
las Cruzadas, que terminó con la toma de la ciudad, debe el renombre que goza en la
historia.