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tiempo de los califas: que en el exterior de la ciudad se sucedan unos á otros los montones de
escombros , y que delante de las puertas , entre los restos de suntuosos sepulcros y esplén-
didos palacios de recreo, los buitres y los perros, sin que nadie les moleste, devoren las
repugnantes carroñas de animales muertos y abandonados.
Cierto que tan lamentable estado de decadencia se debe principalmente á las causas
políticas, toda vez que con anterioridad á la conquista francesa y al gobierno de Mohamed-
Alí, en cuya época comenzaron á lucir de nuevo para Egipto mejores dias, los jefes del
Estado, durante tres siglos consecutivos, habían puesto exclusivamente su atención en
devastar y saquear, y en manera alguna en reparar lo antiguo ó crear algo nuevo mas una
;
gran parte de ello alcanza también, — según opinión fundadísima del moderno orientalista
Ignacio Goldziher, con quien repetidas veces he tratado semejante cuestión, que ha desarro-
llado satisfactoriamente en una memoria todavía inédita— al carácter del pueblo musulmán,
á su falta absoluta de sentido histórico y á la negligencia y escasez de conocimientos técnicos
de los arquitectos de la época de los califas, á cuyas circunstancias se debe principalmente la
prematura ruina de los más importantes edificios religiosos y civiles.
El escrito antes citado, pretende sincerar también á los cairotas del cargo de irreligiosidad
que se les ha dirigido por parte de diferentes escritores que achacan á esta causa el abandono
ruina en que yace la mayor parte de los monumentos más venerables. Como á mí le ha
y
causado profunda extrañeza el encontrar á cada paso en el mayor abandono y en estado
floreciente y que
ruinoso los edificios destinados al culto de una religión todavía viva y
sintetiza por sí sola el principio y el fin, el conjunto y los detalles de todo el entusiasmo de
que ha sido capaz el Egipto asociado al Islam. Do quiera se dirija la mirada distínguense
restos y ruinas de mezquitas célebres, de escuelas, de sepulcros, mencionados por la
singular belleza.
historia, cuya grandiosidad y magnificencia revelan su pasado esplendor y
Pero áun así no hay razón para deducir de ello que el musulmán de Egipto sea indiferente
en materias de religión: al contrario, si algo hay que mueva su orgullo, es la conside-
ración de poseer en su amado Cairo manantiales de vida y saber religioso tan copiosos \
abundantes que la ciudad, residencia de los califas en tiempo de la decadencia musulmana,
moderno. El
puede luchar sin desventaja con todas las demás ciudades del Oriente antiguo y
cairota es religioso, pero es mahometano; devoto, pero mahometano de los piés á la cabeza,
observador profundo de los preceptos del Islam, y por consiguiente sabe que Mahoma ha
establecido como precepto fundamental de su religión que « el Islamismo no es en manera
» alguna un sistema monacal:» que la palabra Islam tanto vale como abandono de sí mismo a
Dios, v que en manera alguna pretende expresarse con ella la tendencia más insignificante á
la vida asceta. Por una vez que el muslim egipcio piense asustado en «el espantoso conjunto
»de los terrores del Coran» y en el siniestro lujo de horrores que rodea á los castigos del
infierno, recréase veces mil con las delicias que le esperan en el paraíso. Léjos de verlo todo
teñido de los más siniestros colores, siéntese por naturaleza inclinado á pintarse todos lo»
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objetos de color de rosa. Su religión le concede en abundancia los goces materiales, }