Page 461 - Egipto Tomo 1
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376                     EL CAIEO
                tiempo de los califas: que en el exterior de la ciudad se sucedan unos á otros los montones de
                escombros  , y que delante de las puertas  , entre los restos de suntuosos sepulcros y esplén-
                didos palacios de recreo,  los buitres y los perros, sin que nadie les moleste, devoren las
                repugnantes carroñas de animales muertos y abandonados.
                  Cierto que tan lamentable estado de decadencia se debe principalmente á las causas
                políticas, toda vez que con anterioridad á la conquista francesa y al gobierno de Mohamed-
                Alí, en cuya época comenzaron á lucir de nuevo para Egipto mejores dias,  los jefes del
                Estado, durante tres siglos consecutivos,  habían puesto exclusivamente su atención en
                devastar y saquear, y en manera alguna en reparar lo antiguo ó crear algo nuevo mas una
                                                                  ;
                gran parte de ello alcanza también, — según opinión fundadísima del moderno orientalista
                Ignacio Goldziher, con quien repetidas veces he tratado semejante cuestión, que ha desarro-
                llado satisfactoriamente en una memoria todavía inédita— al carácter del pueblo musulmán,
                á su falta absoluta de sentido histórico y á la negligencia y escasez de conocimientos técnicos
                de los arquitectos de la época de los califas, á cuyas circunstancias se debe principalmente la
                prematura ruina de los más importantes edificios religiosos y civiles.
                  El escrito antes citado, pretende sincerar también á los cairotas del cargo de irreligiosidad
                que se les ha dirigido por parte de diferentes escritores que achacan á esta causa el abandono
                 ruina en que yace la mayor parte de los monumentos más venerables. Como á mí le ha
                y
                causado profunda extrañeza el encontrar á cada paso en  el mayor abandono y en estado
                                                              floreciente y que
                ruinoso los edificios destinados al culto de una religión todavía viva y
                sintetiza por sí sola el principio y  el fin, el conjunto y los detalles de todo el entusiasmo de
                que ha sido capaz el Egipto asociado al Islam. Do quiera se dirija la mirada distínguense
                restos y ruinas de mezquitas célebres, de escuelas,  de  sepulcros, mencionados por  la
                                                              singular belleza.
                historia, cuya grandiosidad y  magnificencia revelan su pasado esplendor y
                Pero áun así no hay razón para deducir de ello que el musulmán de Egipto sea indiferente
                en materias de religión:  al contrario,  si algo hay que mueva su orgullo, es  la conside-
                ración de poseer en su amado Cairo manantiales de vida y saber religioso tan copiosos \
                abundantes que la ciudad, residencia de los califas en tiempo de la decadencia musulmana,
                                                                 moderno.  El
                puede luchar sin desventaja con todas las demás ciudades del Oriente antiguo y
                cairota es religioso, pero es mahometano; devoto, pero mahometano de los piés á la cabeza,
                observador profundo de los preceptos del Islam, y por consiguiente sabe que Mahoma ha
                establecido como precepto fundamental de su religión que « el Islamismo no es en manera
                » alguna un sistema monacal:» que la palabra Islam tanto vale como abandono de sí mismo a
                Dios, v que en manera alguna pretende expresarse con ella la tendencia más insignificante á
                la vida asceta. Por una vez que el muslim egipcio piense asustado en «el espantoso conjunto
                »de los terrores del Coran» y en  el siniestro lujo de horrores que rodea á los castigos del
                infierno, recréase veces mil con las delicias que le esperan en el paraíso.  Léjos de verlo todo
                teñido de los más siniestros colores, siéntese por naturaleza inclinado á pintarse todos lo»
                                                                       -e
                objetos de color de rosa. Su religión  le concede en abundancia los goces materiales, }
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