Page 78 - Diálogos Psicoanálisis Número 1
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I. Arte y cultura
         RESUMEN:
                                                   La hipótesis es sencilla: el arte, como una expresión privilegiada

                                                   de la cultura, puede ser un vehículo para la comprensión de la
         Vistos desde cierta perspectiva, el
                                                   misma. Así, a diferencia de la filosofía —que, como el búho de
         arte  y  la  cultura  pueden  arrojar     Minerva levanta el vuelo al atardecer—, el arte nace prematuro y
         importantes  claves  para  la  inter-
                                                   siempre cifra su encanto en lo que está por acontecer. No es que
         pretación  de  la  política.  De
                                                   al arte puedan legítimamente endosársele funciones proféticas,
         acuerdo  con  esto,  habría  que          pero  en  retrospectiva,  cuando  ya  la  cultura  ha  puesto  de
         establecer  una  serie  de  premisas      manifiesto  sus  potencialidades,  voltear  a  la  obra  de  arte  lo
         que  nos  lleven,  a  manera  de
                                                   resignifica  en  la  clave  de  lo  que  ya  estaba  ahí,  muchas  veces
         señales en camino, a conclusiones         esperando su espectador adecuado.
         novedosas  en  el  afán  de  arrojar

         una  mirada  prospectiva  a  la                  En Las palabras y las cosas, Michel Foucault nos da un
         política   del   siglo   XXI.   El              ejemplo de lo que yo he llamado espectador adecuado. En 1656,
         psicoanálisis  puede  contribuir  a       Velázquez pintó su cuadro Las Meninas, del que Foucault dice lo
         este propósito.                           siguiente: ―El pintor contempla, el rostro ligeramen-
                                                   te  vuelto  y  la  cabeza  inclinada  hacia  el  hombro.

                                                   Fija un punto invisible, pero que nosotros, los es-
                                                   pectadores,  nos  podemos  asignar  fácilmente  ya
                                                   que  este  punto  somos  nosotros  mismos:  nuestro

                                                   cuerpo, nuestro rostro, nuestros ojos. Así, pues, el
                                                   espectáculo que él contempla es dos veces invisi-

                                                   ble; porque no está representado en el espacio del
                                                   cuadro y porque se sitúa justo en este punto cie-
                                                   go, en este recuadro esencial en el que nuestra mi-

                                                   rada se sustrae a nosotros mismos en el momento
                                                   en que la vemos.‖ (Foucault, 2007, pp. 13-14.)


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