Page 70 - Armenia2015final.indd
P. 70
asoleaban los billetes; mientras se “oreaban” EN LAS INSTALACIONES DEL CASINO CINCO
cocía sus paños de tela, al mismo tiempo, DE MAYO, ALGUNOS DE SUS SOCIOS, ENTRE
que se balanceaba en su mecedora. ELLOS; FELIPE LEÓN, SEGUNDO DE LA
En todos esos años se le relacionó con las
familias de Ofelia Ramírez, Paz y Quezada IZQUIERDA Y JORGE GIRÓN EN EL EXTREMO
DERECHO.
y dos jóvenes dedicados a la mecánica. Su
familiaridad con ellos y su devoción a la
iglesia permitió la instalación de la puerta
de hierro al final de las gradas del templo
católico a principios de los años 50´s.
La “niña Luisa”, como le llamaban
muchos de los pobladores le atribuían con-
ocimientos de medicina, que ni los mismos
que la consultaban sabían cómo los había
adquirido. Pero, muchas veces acertaba.
Elio Farfán recuerda que su papá tuvo una
fiebre “que durante todo el día –asegura-,
pasaba derramando gotas de sangre por la
nariz en una bacinica”. Su madre ya había
consultado al médico del pueblo Alfredo
Moran, y a otro de apellido Barrientos, que
venía de San Julián y no se le había encon-
trado “cura a ese mal”.
“Mi mama vendía comida en el mercado nario de San Miguel, que luego de su paso por
–agrega- y veía a la niña Luisa que se paseaba la Universidad de El Salvador, su profesión de
por su lugar. Su casa se comunicaba con las químico lo llevó a trabajar en lugares como
cocinas al otro lado. Por esa razón, a veces, se Chalatenango y Quezaltepeque.
le veía frente al parque y otras platicando con Fue mientras trabajaba en este último sitio,
la gente por los fogones y la hornillas”. que un agente viajero le pasó la noticia de la
“Fue precisamente en una de esas incursiones venta de una farmacia totalmente instalada en
por los puestos –continúa-, que se acercó a Armenia. Fue así como logró emplazar su bot-
ella y le explicó que a su esposo no le habían ica en medio de los dos portales, acompañado
podido cortar ese flujo de sangre y sólo pasaba por su esposa Laura. La casa al mismo tiempo
embrocado con la bacinica, más roja que blanca que albergaba su negocio le servía de vivienda.
por la caída del líquido que hacia Tic, Tic, Tic, El frente era bastante largo. A la par de la
con cada gota, que algunas veces salpicaban farmacia se ubicaba un zaguán, en su interior
hasta el piso. En la consulta y aprisionada por la se encontraba un comedor, un patiecito, la
angustia, mi madre apenas alcanzó a escuchar, cocina y a continuación tres dormitorios y un
“ya se le va a quitar Catalina”; lo puso boca corredor que alojaba barriles con aceite, gas,
arriba y le enrolló una toalla en la cabeza con vaselina y talcos.
un medicamento que sólo ella sabía qué era, al Lazo venia de una familia acomodada. Era
siguiente día estaba curado”, manifiesta entre un hombre alto espigado, de tez blanca, con
la admiración y el asombro, Elio. una nariz que sobresalía sobre sus pómulos y
Nadie sabía por qué entre el portal de Clau- sostenía con firmeza sus lentes; agradable y
dia y Luisa Funes, había un espacio que los servicial. Sus proveedores eran las droguerías
cortaba. En esa “amputación”, a principios de Santa Lucia, Latina, de Santa Ana; y Argüello,
los años cuarenta se estableció la Farmacia de de San Miguel.
José Napoleón Lazo, un farmacéutico origi- Con los años logró mucha experiencia en
70