Page 71 - Armenia2015final.indd
P. 71
su trabajo. Detectaba algunas enfermedades pues llegaba gente de fuera, con guardaespal-
de pacientes que lo visitaban y recetaba. Los das para cuidarlos, para que sus patronos no
médicos de la época, entre ellos Carlos Ganuza, regresaran solos de noche. Siempre estaban
jefe de la Unidad de Armenia (1970), en una congregados allí no menos de 20 personas.
visita a la farmacia tuvo la oportunidad de Al abrir sus persianas, saltaban a la vista dos
observarlo, mientras trataba a un enfermo. mesas de billar y la consola donde se jugaba a
Pero, como el mismo dijo: “Ni mi presencia lo las cartas y dados. Al fondo un mostrador largo
afectó”. La verdad, según el decir de la gente y en la pared una estantería donde descansaban
“acertaba bastante en sus diagnósticos”. las cervezas y gaseosas. También en esa misma
Pero, todavía contigua a la farmacia y divi- repisa, en los dos extremos se exhibía el licor
dida por una lámina, se encontraba otra vivi- nacional y extranjero.
enda que ocupaba Rosa Elba Ramírez, quien Atrás de ese anaquel se encontraban los
estaba vinculada con la niña Luisa. Esa casa retretes, al cuidado de una persona que cada
alojaba una pequeña tienda donde vendían pan vez que eran ocupados, sacaba el agua de una
y helados de leche. Era usual ver allí a sus dos pila y los limpiaba con gran rapidez.
sobrinas: Marina y Julia. En las mesas de billar se competía con tres
El cuarto portal, en la otra esquina, que tipos de juego. En uno de ellos, se colocaba una
“miraba” el atrio de la iglesia, aún estaba en botellitas de marfil en medio de la mesa y luego
pie. Con su construcción se completaba el se emplazaban tres o cinco, figuritas del mismo
diorama del centro de la ciudad. Pero no sólo esmalte, el desafío consistía en hacer caram-
eso, al convertirlo en sede del casino, se con- bola y al mismo tiempo botar las botellitas;
virtió en el símbolo de la arrogancia de la elite quien botellitas más botara ganaba. Después
del pueblo. se encontraba el de la buchaca, insertar las
Según Tita Recinos, su padre, Manuel Reci- bolas en la seis de la estructura del tablero y
nos, le confió que este edificio se levantó en por último el juego de carambolas.
1927, con la idea de disfrutar de un espacio para Al casino llegaba la crema y nata de Arme-
departir con los amigos. En Armenia, a esas nia, Felipe “chino” León, Arístides Quezada,
alturas, lo urbano iba restando espacio al área Alfredo Moran, Ángel Flores, Magín Maimó,
rural. Los comerciantes ya estaban asentados Humberto Llort, Rodolfo Girón, este ultimo
y los finqueros disfrutaban de los beneficios todo un experto en el juego; Manuel Recinos,
del café. Enecón Paredes, Marco Tulio Rodríguez, Jorge
Fue justamente ese grupo con una misma Girón, Vicente Sevillano, Humberto Tobar y
visión y algunas prácticas importadas por los Heriberto Torres. Todos ellos eran además
españoles, el que abrió el “Casino 5 de mayo”. socios y hacían lo posible por mantenerlo vivo,
Sobre el nombre no hay un dato concreto, sólo mediante apoyo e intercambio con otros casi-
por información oral se menciona que fue nos del país.
en honor al día de la creación del equipo de Don Manuel acostumbraba a llevar a sus
basquetbol, “ARGUAY” (Armenia-Guaymoco). hijas a comer panes allí y saborear una “chi-
El casino era una especie de hibrido entre bola”(gaseosa) acostaba a su adorada Estelita,
juego- cultura-recreación. Además de que de nueve años y Tita de seis, jugueteaba con
servía para socializar, bailar o coronar reinas, ellas sobre una mesa de billar. Después de con-
predominaban ahí las apuestas. Al hacer un templarlas les susurraba al oído: “Ojala pueda
pequeño “tour” por sus instalaciones encon- ver grandes a estas mis muñecas”. Al escucharlo
trábamos un local amplio y en su parte exterior, el Dr. Moran quien se encontraba cerca le rep-
mesitas en el corredor del portal. licaba, “No te aflijas “Chintón”, las vas a ver.”
Fuera de ese portal, la calle era empedrada y En ese centro los jugadores cobraban o per-
había zonas con talpetate, que las regaban por dían fortunas. En una misma noche había quien
las tardes. Con postes para amarrar los caballos, ganaba 100 colones que era el equivalente a
71