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su trabajo. Detectaba algunas enfermedades            pues llegaba gente de fuera, con guardaespal-
        de pacientes que lo visitaban y recetaba. Los         das para cuidarlos, para que sus patronos no
        médicos de la época, entre ellos Carlos Ganuza,       regresaran solos de noche. Siempre estaban
        jefe de la Unidad de Armenia (1970), en una           congregados allí no menos de 20 personas.
        visita a la farmacia tuvo la oportunidad de              Al abrir sus persianas, saltaban a la vista  dos
        observarlo, mientras trataba a un enfermo.            mesas de billar y la consola donde se jugaba a
        Pero, como el mismo dijo: “Ni mi presencia lo         las cartas y dados. Al fondo un mostrador largo
        afectó”. La verdad, según el decir de la gente        y en la pared una estantería donde descansaban
        “acertaba bastante en sus diagnósticos”.              las cervezas y gaseosas. También en esa misma
           Pero, todavía contigua a la farmacia y divi-       repisa, en los dos extremos se exhibía el licor
        dida por una lámina, se encontraba otra vivi-         nacional y extranjero.
        enda que ocupaba Rosa Elba Ramírez, quien                Atrás de ese anaquel se encontraban los
        estaba vinculada con la niña Luisa. Esa casa          retretes, al cuidado de una persona que cada
        alojaba una pequeña tienda donde vendían pan          vez que eran ocupados, sacaba el agua de una
        y helados de leche. Era usual ver allí a sus dos      pila y los limpiaba con gran rapidez.
        sobrinas: Marina y Julia.                                En las mesas de billar se competía con tres
           El cuarto portal, en la otra esquina, que          tipos de juego. En uno de ellos, se colocaba una
        “miraba” el atrio de la iglesia, aún estaba en        botellitas de marfil en medio de la mesa y luego
        pie. Con su construcción se completaba el             se emplazaban tres o cinco, figuritas del mismo
        diorama del centro de la ciudad. Pero no sólo         esmalte, el desafío consistía en hacer caram-
        eso, al convertirlo en sede del casino, se con-       bola y al mismo tiempo botar las botellitas;
        virtió en el símbolo de la arrogancia de la elite     quien botellitas más botara ganaba. Después
        del pueblo.                                           se encontraba el de la buchaca, insertar las
           Según Tita Recinos, su padre, Manuel Reci-         bolas en la seis de la estructura del tablero y
        nos, le confió que este edificio se levantó en        por último el juego de carambolas.
        1927, con la idea de disfrutar de un espacio para        Al casino llegaba la crema y nata de Arme-
        departir con los amigos. En Armenia, a esas           nia, Felipe “chino” León, Arístides Quezada,
        alturas, lo urbano iba restando espacio al área       Alfredo Moran, Ángel Flores, Magín Maimó,
        rural. Los comerciantes ya estaban asentados          Humberto Llort, Rodolfo Girón, este ultimo
        y los finqueros disfrutaban de los beneficios         todo un experto en el juego; Manuel Recinos,
        del café.                                             Enecón Paredes, Marco Tulio Rodríguez, Jorge
           Fue justamente ese grupo con una misma             Girón, Vicente Sevillano, Humberto Tobar y
        visión y algunas prácticas importadas por los         Heriberto Torres. Todos ellos eran además
        españoles, el que abrió el “Casino 5 de mayo”.        socios y hacían lo posible por mantenerlo vivo,
        Sobre el nombre no hay un dato concreto, sólo         mediante apoyo e intercambio  con otros casi-
        por información oral se menciona que fue              nos del país.
        en honor al día de la creación del equipo de             Don Manuel acostumbraba a llevar a sus
        basquetbol, “ARGUAY” (Armenia-Guaymoco).              hijas a comer panes allí y saborear una “chi-
           El casino era una especie de hibrido entre         bola”(gaseosa) acostaba a su adorada Estelita,
        juego- cultura-recreación. Además de que              de nueve años y Tita de seis, jugueteaba con
        servía para socializar, bailar o coronar reinas,      ellas sobre una mesa de billar. Después de con-
        predominaban ahí las apuestas. Al hacer un            templarlas les susurraba al oído: “Ojala pueda
        pequeño “tour” por sus instalaciones encon-           ver grandes a estas mis muñecas”. Al escucharlo
        trábamos un local amplio y en su parte exterior,      el Dr. Moran quien se encontraba cerca le rep-
        mesitas en el corredor del portal.                    licaba, “No te aflijas “Chintón”, las vas a ver.”
           Fuera de ese portal, la calle era empedrada y         En ese centro los jugadores cobraban o per-
        había zonas con talpetate, que las regaban por        dían fortunas. En una misma noche había quien
        las tardes. Con postes para amarrar los caballos,     ganaba 100 colones que era el equivalente a


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