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FACHADA PARCIA DEL PORTAL QUE
ALOJO EL CASINO CINCO DE MAYO
Y DESPUÉS A CARMEN MAYEN.
VISTA DELO LOCAL
QUE OCUPÓ LA
REFRESQUERÍA
DE CLOTILDE
GIRÓN, IZQUIERDA
Y A CONTINUACIÓN
EL PREDIO DE
ALFREDO ARÉVALO
“COMPINCHE”.
dor de Llort y bajar las gradas los jóvenes dis- hojalata. Con sus conocimientos de geometría,
frutaban de una refresquería como arrancada las medidas de sus trabajos rayaban en la per-
de una película norteamericana. Su propietaria fección. La banda municipal, de la cual era
Clotilde Girón, era una persona muy generosa. miembro, encontraba en sus facultades “el bál-
Si uno de sus clientes le confesaba, “tal vez samo”, cuando sus instrumentos ya no ejecu-
venga con mi novia y me fía las bebidas”, ella taban con brillo las melodías.
siempre respondía que sí. Luz Arévalo, era la madre de “Compinche”.
Una de sus especialidades eran los batidos Una mujer de tez blanca, ojos azules, de regular
elaborados con diferentes frutas y los licua- estatura y bastante rellenita. Usaba un vestido
dos combinados con leche y cereal. Las lic- negro raído, que sólo se lo cambió cuando ya
uadoras eran importadas. A principios de los estaba en las últimas. Igual podía lucirlo un mes
cuarenta eran un lujo, probablemente en el o dos. Sin embargo, clientes de la hojalatería
pueblo existían unas tres. En ese local se con- aseguraban que era muy limpia.
ocían las parejas. En el fondo del negocio pre- Doris Serrano, recuerda que la conoció y
dominaba una salita en donde los muchachos al verla sintió miedo. “Cuando pasaba por
conversaban mientras saboreaban una botellita la tienda de mis padres, camino del mercado,
de “grapette”, gomitas, chocolates, sorbetes y siempre con su vestidito, observaba cuando le
refrescos, que sólo allí se podían paladear. decía adiós a mi mama. Tenía un ojo con nube,
La refresquería de Clotilde Girón, lindaba por lo que veía bien raro y a mí me daba pánico
con un predio baldío; al fondo se visualizaba verla. Mi mamá siempre me decía que si me
una casita rodeada de monte. En su interior portaba mal, me iba a mandar a vivir con esa
vivía Alfredo Arévalo, conocido como “Com- familia. Pero eran gente buena. Él era un hijo
pinche”, al lado de su madre. Según él mismo abnegado”, señala.
refería, el predio era herencia de su padre. La En 1952 el tercer portal desapareció del cen-
posición del solar era envidiable; estaba en el tro de la ciudad y no por arte de magia, lo con-
centro de la ciudad. sumió un incendio. Previo al siniestro, el esce-
En el interior de esa vivienda Alfredo mane- nario se había movido. Un año antes la señorita
jaba un taller de hojalatería. Según Hernán Luisa Funes murió. Don Vicente Maimón y su
Catalán, su compañero en la banda munici- esposa Alberta, retornaron a su tierra natal
pal, “era un hombre que hacia maravillas con la España; confiaron el almacén a su pariente,
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