Page 74 - Tratado sobre las almas errantes
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En definitiva, magisterialmente una cosa es afirmar lo que las cosas son. Y otra muy distinta
es afirmar que Dios no puede hacer algo, si ese algo puede ser hecho por Dios sin incurrir en
contradicción; distinto sería si ese algo fuera imposible per se. Una cosa es cuando el Magisterio
nos enseña lo que las cosas son: vg. Dios es Uno y Trino, la transustanciación, la inmaculada
concepción de María, que Jesús posee dos naturalezas, que María es Madre de Dios, etc. Y otra
cosa muy distinta es afirmar que en el obrar de Dios las cosas no pueden ser de otro modo, aunque
no exista una imposibilidad absoluta.
Una cosa es afirmar cuál es la ordenación de Dios, y otra muy distinta es afirmar que no
puede darse una singularidad en esa ordenación. En muchas materias, la definición que expresa la
ordenación divina puede ser cierta y, no obstante, la singularidad puede darse. En esos casos, la
afirmación del Magisterio es verdad, y la singularidad lo es también. Toda afirmación magisterial
expresa la verdad, pero no siempre el reverso de una verdad sigue siendo verdad.
Santo Tomás de Aquino y otros autores negaron la inmaculada concepción de María,
basándose en las palabras de San Pablo acerca de la universalidad del pecado 195 . No se dieron
cuenta de que el versículo era verdadero, totalmente verdadero, sin mezcla alguna de error. Pero que
la voluntad de Dios estaba por encima. El camino para defender la inmaculada concepción de María
no estaba en aceptar un grado de falsedad en ese versículo de la Palabra de Dios. Lo mismo se
podría alegar respecto al intermediacionismo.
Otro ejemplo, lo vemos en que durante generaciones, no pocos teólogos, basados en ciertas
declaraciones magisteriales, se creyeron en conciencia obligados a sostener que los niños no
bautizados serían eternamente privados de la visión de Dios, que fuera de la Iglesia no había
salvación, o que un adolescente que muriera tras haber pecado de masturbación sería atormentado
eternamente con suplicios infernales. Lo llamativo es que estas tres afirmaciones propuestas son
verdaderas... en cierto sentido, sólo en cierto sentido. Pero la verdad que se contiene en ellas, no
excluye su integración en un marco más amplio de verdades. Esto es muy distinto que afirmar el
relativismo de la verdad. Pero si es falso el relativismo, también supone un error negarse a integrar
las afirmaciones magisteriales en un marco más amplio.
Después de veinte siglos de Teología y Magisterio, sentimos un poco de pena por aquellos
teólogos que se creyeron en conciencia obligados a sostener algo, a causa de una visión
fragmentaria de la verdad. Aunque este tipo de errores son propios de la debilidad humana, ya que
sólo vemos y entendemos parcialmente.
195
“Por un hombre el pecado entró en el mundo (…) y así a todos los hombres” (Rom 5, 12): “Kai houtos eis
pantas anthropous”.
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