Page 71 - Tratado sobre las almas errantes
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5. Algunos otros pasajes bíblicos
Los pasos bíblicos que consideramos que pudieran contener una posible relación con la cuestión
del intermediacionismo, ya han sido analizados. Aun así, existen tres pasajes evangélicos, que sin
ser susceptibles de poder ser usados como argumentación en esta cuestión, pudieran ofrecer una
cierta luz sobre el tema. Son colocados aquí, tras analizar toda la problemática en torno a la
cuestión, pues es en este momento cuando pueden iluminar la entera problemática. Si los
hubiéramos colocado al principio, no hubiéramos entendido completamente en qué sentido pueden
ofrecer alguna luz a lo explicado.
5.1 La resurrección de Lázaro
Lázaro es la prueba de que el texto de Benedictus Deus admite excepciones. En el caso de
Lázaro, su muerte no se puede poner en duda, pues el cuerpo, tras cuatro días en el sepulcro, ya
hedía 180 y Jesús mismo afirmó de forma expresa que había muerto 181 . Esta resurrección es
interesante, porque se da una muerte que no viene acompañada de la concurrencia de un juicio
particular. Tenemos una verdadera muerte y una ausencia de juicio. Dado que antes hablábamos de
si podían darse excepciones, debemos convenir en que esto es una excepción a la común ordenación
de Dios respecto a la muerte.
Lo mismo podríamos decir de otras resurrecciones que realizó Jesús (mencionadas unas
individualmente 182 y otras genéricamente 183 ), así como las tres del Antiguo Testamento 184 y las dos
del Nuevo 185 . En total aparecen ocho resurrecciones en las Escrituras. De ningún modo se puede
hablar de muertes aparentes, porque éste resucitar muertos es uno de los signos de que Él es el
Mesías: Los ciegos reciben la luz, los cojos andan, los leprosos son limpiados y los sordos oyen, los
muertos resucitan (Mt 11, 5). Luego esas personas estaban verdaderamente muertas, además, ya se
ha dicho que el cadáver de Lázaro hedía. Si bien en el caso del niño de Tróade, San Pablo dice algo
relevante a este respecto: Su alma está en él 186 . Esas palabras de San Pablo nos explican cómo
entender la afirmación de Jesús al llegar a la casa de Jairo: la niña no ha muerto, está dormida 187
180
“La hermana del que había muerto, Marta, dijo: Señor, ya huele (en gr. “ede ozei”) es el cuarto día” (Jn 11,
39).
181
“Jesús les dijo claramente: Lázaro murió” (Jn 11, 14): “Eipen autois ho Iesous parresia Lazaros apethanen”.
182
El hijo de la viuda de Naim (Lc 7, 11-15), la hija de Jairo (Mc 5, 35-43)
183
“Los muertos son resucitados”, “nekroi egeirontai” (Mt 11, 5). Cuando el ángel anuncia que Jesús “ha
resucitado” usa el mismo verbo: “ouk estin hode egerthe” (Mt 28, 6).
184
La resurrección del hijo de la viuda de Sarepta por mediación del profeta Elías (1 Re 17, 17-23), la del hijo de
la sunamita por mediación del profeta Eliseo (2 Re 4, 31-37). Un cadáver que fue arrojado a la tumba del propio Eliseo,
tornó a vivir al entrar en contacto con los huesos del profeta (2 Re 13, 20-21).
185 San Pedro resucita a Tabitha (Hch 9, 36-42), San Pablo al niño de Tróade que cae de una ventana durante una
eucaristía (Hch 20, 7-12).
186
“He gar psiche autou en auto” (Hch 20, 10). Literalmente: “el alma de él en él”.
187
“To paidion ouk apethanen alla katheudei”.
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