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Historia social de la literatura y el arte
tóricas. Gracias a tales tareas David consiguió, después de la ele
gancia superficial y del frívolo tratamiento de ios problemas for
males de su época del Directorio, recobrar una gran parte de su pri
mitiva objetividad y su naturalidad. Los problemas que ahora tiene
que resolver ya no se ciernen en el aire como el tema de El rapto de
las Sabinas, sino que resultan de la realidad inmediata y actual. En
cuentra en encargos como el de ha consagración de Napoleón
(1805-1808) o el de Reparto de las águilas (1810) muchos más estí
mulos artísticos de los que quizá él mismo hubiera esperado. Lo
que estas pinturas nos hacen echar de menos en estímulo y drama
tismo, comparadas con Juramento en el Juego de la Pelota, está com
pensado por el tratamiento más simple y menos teatral del tema.
David se aleja con ellas cada vez más del siglo XVIII y de la tradi
ción del rococó, y crea, en contraste con el individualismo genial
de sus obras juveniles, un estilo más objetivo, del que cabe que se
abuse académicamente, pero que de cualquiera de las maneras pue
de ser continuado. La íntima discordia que amenazaba la unidad
espiritual de su arte desde el Directorio no la ha superado todavía
por completo. Junto a las ceremonias oficiales, para las que en
cuentra una solución completamente satisfactoria, pinta escenas
del mundo clásico, como Safo (1809) o Leónidas (1812), que son tan
afectadas y amaneradas como lo era El rapto de las Sabinas. El mun
do clásico ha dejado de ser para David una fuente de inspiración y
se le convierte en mero convencionalismo, como a sus contempo
ráneos. Cuando se ocupa en tareas prácticas, continúa produciendo
obras maestras, pero cuando intenta remontarse sobre la realidad,
falla.
El conflicto existente en el arte de David -el contraste entre
el abstracto y anémico idealismo de sus composiciones mitológicas
y anticuario-históricas, y el jugoso naturalismo de sus retratos- se
vuelve más agudo durante su exilio en Bruselas. Cuantas veces en
tra en contacto con la vida real, es decir cuando tiene que pintar
retratos, sigue siendo el gran maestro de siempre; por el contrario,
cuando se ensimisma en sus ilusiones clásicas, que han perdido
toda relación con el presente y se han convertido en un mero jue
go artístico, no sólo da la impresión de estar pasado de moda, sino
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