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Historia social de la literatura y el arte
pensado carecía de todo calor. Delacroix es un hombre aislado, un
solitario, y lo es en un sentido mucho más estricto que los románti
cos en general. Sólo hay un contemporáneo al que estime y quiera
sin reservas: Chopin. Ni Hugo o Musset, ni Stendhal o Mérimée le
son particularmente simpáticos; a George Sand no la toma muy en
serio, el negligente Gautier le repele y Balzac lo pone nervioso 231.
La enorme significación que la música tiene para él, y que es lo que
más contribuye a su admiración por Chopin, es un síntoma de la
nueva jerarquización en las artes y de la posición preeminente que
ocupa la música en la filosofía artística del romanticismo. La músi
ca es el arte romántico por excelencia, y Chopin, el más romántico
entre los románticos. En la afectuosa relación que le une a Chopin
aflora de! modo más directo la íntima conexión de Delacroix con el
romanticismo. Su juicio sobre los otros maestros de la música reve
la, sin embargo, la heterogeneidad de sus sentimientos. Habla de
Mozart con la mayor admiración siempre; Beethoven, por el contra
rio, le parece demasiado caprichoso y demasiado romántico. Dela
croix tiene en música un gusto clasicista 252; el sentimentalismo es
tereotipado de Chopin no le molesta, y en cambio la «arbitrariedad»
de Beethoven, del que uno pensaría que como artista ha de estar
mucho más cerca, le sorprende y le turba.
El romanticismo significa para la música no sólo la antítesis
del clasicismo, sino también del prerromanticismo, en cuanto que
ambos representan el principio de la unidad formal y de los efecto»
finales bien preparados. La estructura concentrada de las formal
musicales, basada en una culminación dramática, se disuelve en el
romanticismo, y cede el paso de nuevo a la composición aditiva de
la vieja música. La forma de sonata se desmorona y es sustituida
cada vez más frecuentemente por formas menos severas y menos es
quemáticamente realizadas, por pequeños géneros líricos y des
criptivos, tales como la fantasía y la rapsodia, el arabesco y el estu
dio, el intermezzo y el impromptu, la improvisación y la variación.
También las obras grandes son sustituidas a menudo por tales mi
niaturas, las cuales desde el punto de vista estructural no constitu-
2J! Jbid.t págs. 100 sig,
212 André Joubin, Journal de Delacroix, 1932, 1» págs. 284 sig.
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