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Rococó, clasicismo y romanticismo







                   bas  confieren  a  la vida  y  al  hombre  dimensiones  extraordinarias  y


                   le dan un formato trágico-heroico y una expresión apasionadamen­



                   te patética,  que existen todavía en Delacroix,  pero  que en Consta­


                   ble y en  el  naturalismo  del siglo  XIX,  por el  contrario,  faltan por


                   completo.  Esta  concepción  artística  se  expresa  también  en  Dela­



                   croix en el hecho de que el  hombre  está todavía en  el  centro de su


                   mundo,  mientras que en  Constable se  convierte  en  una  cosa entre


                   las cosas y es absorbido por el ambiente material.  Por esto Consta­


                   ble, aunque no es el más grande, es el artista más progresista de su



                   tiempo.


                             Con el desplazamiento del hombre del centro del arte y la ocu­


                   pación  de  su  lugar  por  el  mundo  material  gana,  sin  embargo,  la



                   pintura  no sólo un nuevo contenido, sino que se limita más  y más


                   a la solución de problemas técnicos y puramente formales.  El obje­


                   to  de  la  representación  pierde  gradualmente  todo  valor  estético  y


                   todo  interés  artístico,  y el  arte  se vuelve formalista en un grado ai



                   que  nunca había  llegado antes.  Lo  que  se pinta carece  de  todo  in­


                   terés;  la cuestión es sólo  cómo se pinta.  N i  siquiera el más  jugue­


                   tón manierismo mostró nunca semejante indiferencia ante el m oti­



                   vo. Nunca hasta ahora se habían considerado motivos de igual valor"


                   artístico  una  coi  y  la  cabeza  de  una  Madona.  Ahora  por  vez  pri­


                   mera,  cuando  lo  pictórico  constituye  el  contenido  auténtico  de  la


                   pintura, desaparecen las antiguas distinciones académicas entre los



                   diferentes  objetos  y  géneros.  Ya  en  Delacroix,  a  pesar  de  su  pro­


                   funda compenetración  con la poesía,  los  motivos  literarios  consti­


                   tuyen simplemente el arranque, no el contenido de sus pinturas. Él



                   rechaza  lo  literario  como  meta  de  la pintura,  y  busca  expresar,  en


                   vez  de  ideas  literarias,  algo  propio,  algo  irracional  y  similar  a  la


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                   música          774  .
                             La traslación del interés pictórico desde el hombre hacia 1a na­



                   turaleza  tiene su origen,  además  de en la vacilante confianza en sí


                   misma de la nueva generación, y además de en su desorientación y


                   su  problemática  conciencia  social,  sobre  todo  en  el  triunfo  de  la



                   deshumanizada concepción científica del mundo.  Constable supera







                             224 Léon Rosenthal, La peinture romantiqut,  1903, págs.  205  sig.





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