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Historia social  de  la literatura y el arte








                    lenguaje,  y precisamente como maestro de un estilo fluido, virtuo­


                   sista  y  aparentemente  improvisado  fue  como  encantó  Byron  a  la



                   mayoría de  sus  contemporáneos.  Ni  la gracia  ligera de  Pushkin  ni


                    la elegancia de Musset serían concebibles sin esta nueva nota.  Don


                  Juan,  con  su  nueva cadencia,  se  convirtió  no  sólo  en  modelo  de  la


                   poesía ingeniosa del momento, petulante y satírica, sino en origen,


                   al mismo tiempo, de todo el  moderno folletinismo 217.



                              Los primeros  lectores  de  Byron puede ser que pertenecieran a


                   la aristocracia y a la alta burguesía, pero su público auténtico y am­



                   plio se halló en las  filas  de aquella burguesía descontenta,  llena de


                   resentimiento y de ánimo romántico, cuyos miembros fracasados se


                   tenían  a  sí mismos  por  otros  tantos  Napoleones  desconocidos.  El


                   héroe de Byron estaba concebido de tal manera que todo muchacho



                   desilusionado en sus esperanzas, o toda muchacha disgustada en su


                   amor, podían  identificarse con él.  El animar al lector a esta intimi­


                   dad  con  el  héroe,  cosa  en  la que  Byron  continúa  la  tendencia  evi­



                   dente ya en  Rousseau  y  Richardson,  fue  la razón  más profunda de


                   su éxito.  Con el estrechamiento de las relaciones entre el lector y el


                   héroe  se  acrecienta  también  el  interés  por  la  persona  del  autor.


                   También  esta  tendencia  existía  ya  en  tiempos  de  Rousseau  y  Ri­



                   chardson, pero en general la vida privada del poeta permaneció des­


                   conocida del público hasta el romanticismo. Sólo a partir de la pro­


                   paganda que Byron emprendió de sí mismo se convirtió el poeta en



                   «favorito»  del público,  y sus lectores, principalmente sus lectoras,


                   entablan con él entonces una auténtica relación,  semejante, por un


                   lado,  a la que suele existir entre el  psicoanalista y sus pacientes, y,


                   por otro, a la de un artista de  cine y sus admiradoras.



                             Byron fue  el primer poeta  inglés que desempeñó  en  la litera­


                   tura europea un papel de primer orden; Walter Scott fue el segun­


                   do.  A  través  de  ellos  se  convirtió en  realidad  plena  lo  que  Goethe



                   había entendido por  «literatura universal».  Su escuela abarcó todo


                   el  mundo  literario,  disfrutó  de  la  más  alta  autoridad,  introdujo


                   nuevas  formas,  nuevos  valores,  e  impulsó  una  múltiple  corriente


                   intelectual que recorrió todos los países de Europa, llevando consi­




                             217 Julius  Bab,  Fortinbras  oder der Kampf des  19. Jahrbunderts  mit dem Geist der Ro*


                   mantik,  1914, pág.  38.





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