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Historia social de la literatura y el arte
1770. El repentino crecimiento del público lector conduce a un
descenso sensible de nivel. La demanda es mucho más grande que
el número de buenos escritores, y como la producción es un nego
cio bien pagado, se vuelve inmediatamente confusa y poco selecta,
Las necesidades de las bibliotecas de préstamo imponen el tempo y
determinan la calidad de la producción. Los géneros más buscados,
aparte de la novela terrorífica, son las historias de escándalos de ac
tualidad, «casos» famosos, biografías ficticias y semificticias, des
cripciones de viajes y memorias secretas; en una palabra, los tipos
habituales de la literatura sensacionalista. La consecuencia es que
en los círculos cultos comienza a hablarse de la novela con un des
precio desconocido hasta ahora 220. El prestigio de la novela no
vuelve a recuperarse hasta Scott, sobre todo mediante el tratamien
to del género de acuerdo con la visión historicista y cientificista de
la minoría intelectual. Él intenta lograr no sólo una imagen fiel en
sí de las correspondientes circunstancias históricas, sino que provee
a sus novelas de introducciones, notas y apéndices para probar la
autenticidad científica de sus descripciones.
Y Walter Scott puede ser considerado no sólo como el auténti
co creador de la novela histórica, sino que es, sin duda alguna, el
fundador de la novela de historia social, de la que nadie antes de
él había tenido ni idea. Los novelistas franceses del siglo XVIII, Ma-
rivaux, Prévost, Lacios y Chateaubriand, mostraban en sus novelas,
es verdad, un enorme progreso de la novela psicológica, pero trasla
daban sus figuras todavía a un marco sociológicamente vacío o las
colocaban en un ambiente social que no tenía parte esencial en el de
sarrollo de aquéllas. Incluso la novela inglesa del siglo XVIII puede
ser designada como «novela social» sólo en cuanto que subraya con
más fuerza las relaciones entre los hombres; pero las diferencias de
clase o la causalidad social de la formación de los caracteres las deja
desatendidas. Las figuras de Walter Scott, por el contrario, llevan
siempre consigo las huellas de su origen social 221. Y como Walter
Scott describe generalmente con justeza el fondo social de sus his
220 J. M. S. Tompkins, The popular Novel in England (1770-1800), 1932, págs. 3
sig.
221 Lotiis M aigron, Le Román historique á Vépoque du rofnantisme, 1898, pág. 90.
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