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Rococó, clasicismo y romanticismo
tico. Deiacroix, así como, en vez del tradicional viaje a Roma, eP1
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prendió un viaje a Oriente, así también utilizó como fuentes,
vez de los clásicos de la antigüedad, a ios poetas del romanticismo
primero y ulterior: Dante y Shakespeare, Byron y Goethe. Sólo este
interés temático le unía a hombres como Ary Scheffer y Louis BoU'
langer, Decamps y Deiaroche. Odiaba el romanticismo de claro
luna mentiroso y a los soñadores incorregibles, a Chateaubriand)
Lamartine y Schubert, como él mismo caprichosamente l°s
reúne 227. Él mismo no quiso en absoluto ser designado como f°'
mántico y protestó contra el hecho de que fuera considerado
maestro de la escuela romántica. Tampoco sintió, por lo demás,
más mínimo deseo de educar artistas y nunca abrió un estudio aC"
cesible a ia generalidad; admitía, a lo sumo, algunos ayudanta
pero nunca discípulos 22fi. Ya no había en la pintura francesa nada
que hubiera podido corresponder a la escuela de David; el puesto
del maestro siguió sin ocupar. Los propósitos artísticos se hab¡an
vuelto mucho más personales y los criterios de calidad artística se
habían hecho demasiado diferenciados como para que hubieran p0'
dido surgir escuelas en el antiguo sentido 229.
Los sentimientos antirrománticos de Deiacroix encontraron
también expresión en su aversión hacia la bohemia. Rubens es su
modelo no sólo artístico, sino también humano, y él es desde Ru'
f
bens y las grandes personalidades artísticas del Renacimiento el pn '
mer pintor, y quizá el único, que conjuga la alta cultura intelectual
con el modo de vida de un gran señor 23°. Sus inclinaciones de gran
señor le hacen odiar todo exhibicionismo y toda ostentación. Sola"
mente conserva uno de los rasgos de la herencia intelectual de la bo
hemia: el desprecio del público. A los veintiséis años es ya un Pin"
tor famoso, pero una generación más tarde escribía todavía: «H y a
trente ans que je suis livré aux bétes.» Tenía amigos, admiradores,
protectores y se le hacían encargos oficiales, pero nunca fue com
prendido ni amado por el público. El reconocimiento que le fue dis
Ibid., 14 de febr. 1850.
22a L. Rosenthal, op. cit., págs, 202 sig.
229 Paul Jam or, Deiacroix. en Le romantisme en l'art, 1928, pág. 116.
230 Ibid., pág. 120.
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