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El problema fundamental era que Bohr y su joven asistente
desde 1916, Hans Kramers (1894-1952), no conseguían hacer coin-
cidir los datos experimentales del espectro del helio con ningún
modelo atómico. Lo que había funcionado con el átomo de hidró-
geno, que solo tiene un electrón orbitando alrededor del núcleo,
no servía para el caso del helio, que tiene dos electrones. Entre las
complejidades estructurales fundamentales estaba el hecho de que
las órbitas de los dos electrones no podían ser coplanarias: si se
observa una representación del sistema solar, con sus nueve pla-
netas, sorprende el hecho que todos ellos orbiten alrededor del
Sol en un mismo plano; también las posibles órbitas del electrón
del hidrógeno en todos sus estados excitados giraban alrededor del
núcleo en un mismo plano. En ese caso los tres números cuánticos
introducidos en el modelo de Bohr-Sommerfeld correspondían a
órbitas coplanarias. Sin embargo, para el helio, no había manera de
idear un modelo coplanario que predijera las rayas del espectro, po-
niendo en entredicho la validez del principio de correspondencia.
LA TEORÍA BKS Y LA SUPERVIVENCIA DE LA CONSERVACIÓN
DE LA ENERGÍA
La desesperación de Bohr en 1923 y 1924 era tal que estaba dispuesto a cual-
quier cosa con tal de poder formular una teoría que predijera todos los resul-
tados experimentales que se iban acumulando, no solo en la estructura del
átomo, sino también en la interacción de la radiación con la materia. El caso
más conocido es el de la teoría BKS, siglas que corresponden a los científicos
que la formularon: Bohr, Kramers y el joven John C. Slater (1900-1976), recién
llegado de Estados Unidos. Entre los aspectos más descabellados de esa pro-
puesta estaba el de abandonar el principio de conservación de la energía. Ya
puestos a cambiar los fundamentos de la física, ¿por qué no considerar que la
energía no se conservaba? Charles G. Darwin, en una carta de 1919, ya lo había
propuesto, y entonces, en 1924, Bohr parecía dispuesto a tomarlo en serio. La
teoría BKS duró poco. De hecho, nunca se llegó a desarrollar plenamente, ya
que pronto topó con inconsistencias y refutaciones experimentales. Sin embar-
go, la posibilidad de abandonar el principio de conservación de la energía vol-
vió a reaparecer en la mente de Bohr a finales de la década en relación a un
problema con la radiactividad. También en aquella ocasión el principio se salvó
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