Page 216 - El cazador de sueños
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primera vez que Owen le oía enfadado de verdad, casi ultrajado—. Owen, ¿qué ganas
tienes de meterles a mis chicos esta porquería por las orejas? Vuelve ahora mismo
para explicármelo.
—Sólo quería oír si había cambiado, jefe —dijo Owen.
Era mentira, y por supuesto que Kurtz no sólo lo sabía sino que acabaría por
hacérselo pagar. Owen no lo había hecho porque fuera a repetirse la masacre de los
niños, o algo peor. Eso le daba igual. Que se fuera al carajo el caballo phooka. Ya que
iban a hacerlo, quería que los chavales de Kurtz (en Bosnia Skyhook, esta vez Blue
Group, y la siguiente cualquier otro nombre, pero siempre eran las mismas caras
jóvenes y duras) oyeran a los grises una vez más, la última. Viajeros de otro sistema
estelar, quizá de otro universo o corriente temporal, con conocimientos que nunca
tendrían sus anfitriones (aunque eso a Kurtz le importaba un pito). Que oyeran otra
vez a los grises en vez de a Pearl Jam, Jar of Flies o Rage Against the Machine: los
grises haciendo un llamamiento a una condición que habían tenido la imprudencia de
juzgar más clemente.
—¿Y ha cambiado? —chisporroteó en respuesta la voz de Kurtz. El Kiowa verde
seguía por debajo, a escasa distancia de la hilera de helicópteros de combate, y sus
rotores batían la copa seccionada de un pino grande y viejo, despeinándolo y
haciendo que se balanceara—. Di, Owen, ¿ha cambiado?
—No —dijo Underhill—. Está igual, jefe. —Pues córtales el rollo, hombre de
Dios, que se nos va la luz. Owen hizo una pausa y pronunció con sumo cuidado:
—Sí, señor.
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