Page 142 - Desde los ojos de un fantasma
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no cantan, los músicos no saben tocar instrumentos y el vicepresidente de la

               compañía es un perro chihuahueño. Un desorden.

               —Algún talento tendrá para haberse mantenido en el puesto por tanto tiempo.


               —El mérito no es mío. Es de los clientes. Gente compasiva como usted que
               siempre ha dado buenas referencias de mi trabajo… —entonces el secuestrador
               frustrado siguió con una nueva cascada de lágrimas que claramente no se
               frenaría en un buen rato.


               Juan Pablo se dio cuenta de que tendría que secuestrarse por su propia mano, así
               que no le quedó más que dejar los pendientes para después. Se puso la cazadora
               y habló con Míster Ru mientras le daba unas palmaditas de ánimo en la espalda.


               —¿En dónde debo presentarme?


               —Ruggra Gragrett Ciegto veig-veig-te —respondió el hombre con una frase
               incomprensible producto de la avalancha de mocos, flemas, lágrimas y espasmos
               suspirantes que congestionaban sus fosas nasales.


               —No le entiendo nada, Míster Ru; tranquilícese por favor y dígame con calma
               en dónde debo presentarme.


               El hombre falsamente rudo, ruin, rupestre (y todos los rus ficticios que se le
               quieran agregar) hizo un esfuerzo y de su boca salió una dirección: rua Garrett
               120, segunda exterior derecha. Juan Pablo conocía perfectamente aquella
               dirección. Dio otros golpecitos en la espalda del personaje, le pidió que al irse
               cerrara muy bien la puerta, tomó la guitarra y salió del departamento.


               Pasaron varios minutos.


               Míster Ru seguía llorando sobre el sillón. Al cabo de un rato el ejecutivo se dio
               cuenta de que alguien lo llamaba allá abajo. Se asomó por el balcón y se
               encontró de nuevo con el fadista, quien desde la calle le pedía que fuera tan
               amable de prestarle las esposas y el esparadrapo. Había que fingir un secuestro
               con todas las de la ley.






               Juan Pablo conocía la dirección en donde debía presentarse para iniciar su
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