Page 144 - Desde los ojos de un fantasma
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—Disculpe, joven ¿podría indicarme dónde está el café A Brasileira?
—Era aquí, pero desde ayer es una sucursal del Smileys Café —respondió un
mesero, que en efecto adornaba su cara con una plástica sonrisa.
—¿Y Pessoa?
—¿Quién es Pessoa?
—El poeta de metal que tomaba café en la terraza.
—¡Ah, ese! Vinieron a quitarlo ayer; lo guardaron en una de las bodegas —
aclaró el joven señalando hacia el edificio—. ¿Va a querer algo? Le recomiendo
el Café Invisible, es nuestra especialidad.
—No, gracias —respondió el fadista, seriamente preocupado por todo lo que
Smileys & Inc. & Inc. & Inc. & Inc. lograba en tan poco tiempo. Si antes había
aceptado el secuestro porque imaginaba que el encierro le podría servir como
experiencia creadora (y un poco también para levantar el ánimo del desdichado
Míster Ru), ahora veía su cautiverio como una posibilidad de mirar desde dentro
los engranes de la organización que amenazaba con apoderarse del mundo.
Juan Pablo se acercó al portal del edificio y tocó el timbre del departamento que
le había indicado Míster Ru.
—¿Quién? —preguntó desde la bocinita una voz de mujer.
—Vengo a lo del secuestro, soy Juan Pablo el fadista.
—¡Don Juan Pablo, qué honor! A mí me gustan mucho sus fados.
—El honor es mío. ¿Podría abrirme?
—Me temo que no. Yo solo soy la encargada de la limpieza. Los señores no
están y tengo la orden de no dejar pasar a nadie.
—Lo que pasa es que ellos me quieren secuestrar y yo vengo precisamente a
entregarme.
—¡Ay, Dios mío! ¡Qué cosa tan espantosa!