Page 183 - Las enseñanzas secretas de todos los tiempos
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la Biblioteca de los Padres (Bibl. Patr. vol. II, parte II, pág. 212) encontramos un
relato del Tránsito de la Santísima Virgen. Los antiguos griegos y romanos fijan en ese
día la asunción de Astrea, que es la misma virgen».
La madre virgen que da a luz a la divinidad solar y que el cristianismo ha
preservado tan fielmente nos recuerda la inscripción relativa a su prototipo egipcio,
Isis, que aparecía en el Templo de Sais: «El fruto que he engendrado es el Sol».
Aunque los paganos primitivos asociaban a la Virgen con la luna, no cabe duda de
que también comprendían su posición como constelación en los cielos, porque casi
todos los pueblos de la Antigüedad la reconocen como la madre del sol y se daban
cuenta de que, aunque no se podía atribuir aquel puesto a la luna, el signo de Virgo
podía dar y de hecho daba a luz al sol de su costado el vigesimoquinto día de
diciembre. San Alberto Magno afirma lo siguiente: «Sabemos que el signo de la
Virgen celestial salía por encima del horizonte en el momento en que fijamos el
nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo».
Algunos astrónomos árabes y persas daban a las tres estrellas que formaban el
cinturón de la espada de Orión el nombre de «los tres Reyes Magos» que acudieron a
rendir homenaje a la joven divinidad solar. El autor de On Mankind, Their Origin and
Destiny aporta, además, la siguiente información: «En Cáncer, que había subido al
meridiano a medianoche, están la constelación del Pesebre y la del Asno. Los antiguos
la llamaban Praesepe Jovis. Al norte se ven las estrellas de la Osa, que los árabes
llamaban Marta y María, y también el féretro de Lázaro». De este modo, el esoterismo
del paganismo se encarnaba en el cristianismo, aunque se han perdido sus claves. La
Iglesia cristiana sigue ciegamente las costumbres antiguas y, cuando se le pide una
razón, brinda explicaciones superficiales e insatisfactorias, olvidando o pasando por
alto el hecho indiscutido de que cada religión se basa en las doctrinas secretas de su
predecesora.
Los tres soles
Para los sabios antiguos la esfera solar, como la naturaleza humana, se dividía en tres
cuerpos distintos. Según los místicos en cada sistema solar hay tres soles, que son
análogos a los tres centros de la vida que aparecen en la constitución de cada
individuo. Los llaman «las tres luces»: el sol espiritual, el sol intelectual o sol del alma
y el sol material (que actualmente se simboliza en la masonería mediante tres velas). El
sol espiritual manifiesta el poder de Dios Padre; el sol intelectual o del alma irradia la
vida de Dios Hijo, y el sol material es el vehículo por el cual se manifiesta el Dios