Page 132 - DERECHO INDÍGENA Y DERECHOS HUMANOS EN AMÉRICA LATINA (1988)
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Parcialidades Indígenas -API-). Se llega a casos de sorprendente multiplicación de
organizaciones para 1980, como son los casos de Ecuador con 12, Bolivia con 11,
Colombia con 9 y Perú con 8.
En cuanto a los procesos de gestación de estos movimientos y
organizaciones indígenas, no han sido ajenos individuos externos a sus
sociedades. Hay casos como, por ejemplo, el de la Federación Shuar (Ecuador),
de la Asociación Colombiana de Indígenas -Ascoin-, de MINK’A (Bolivia), las
Asambleas de Jefes Indígenas (Brasil), el Congreso Indígena de Chiapas
(México), Dirigentes Pay-Tavitera y Consejo Indígena/Proyecto Marandu
(Paraguay), Federación de Parcialidades Indígenas de Salta (Argentina),
Congreso de Quichuas-Yumbos (Perú), en los que la promoción organizativa ha
estado a cargo de misioneros cristianos (tanto católicos como protestantes) lo que
marca orientaciones, dentro del amplio espectro de las misiones religiosas en
América Latina.
Algunas organizaciones, por ejemplo la Federación Shuar, con apoyo
cristiano católico, y los Dirigentes Pay-Tavitera, con sostén protestante, han ido
logrando independencia de los misioneros a los cuales ya los tienen como
asesores sin poder de decisión, organizaciones, como por ejemplo el Congreso
Indígena de Chiapas y Congreso de Quichuas-Yumbos, con apoyo católico, y la
Federación de Parcialidades Indígenas de Salta, con sostén anglicano, han sido
ahogadas por los misioneros. En el último ejemplo se llega al caso de que con el
abandono de los pastores ingleses de Argentina, por causa de la guerra de las
Malvinas, el movimiento se derrumba en la incertidumbre. En estos casos en que
el poder de decisión está fuera del propio grupo, o al menos fuertemente
condicionado, ocurre que los indígenas responden a políticas externas a sus
intereses globales y en situaciones con alto grado de paternalismo. Paralelamente
se dan otros casos, como los de las Asambleas de Jefes Indígenas o el de MINK’A,
en donde el poder de decisión es interno, pero comparten las acciones o las
realizan bajo la cobertura protectora de estructuras eclesiásticas; en estos dos
casos los apoyos provienen de grupos ecuménicos de misioneros, en el primero lo
da el Consejo Indigenista Misionero (CIMI) y en el segundo la Iglesia Evangélica
Boliviana. Un caso aparte es el de la Asociación Colombiana de Indígenas -
Ascoin-, de promoción católica, cuya formación y planteo tiene el solo objetivo de
aparecer como una alternativa a las organizaciones indígenas que básicamente
están luchando por la tierra, y distorsionar y dividir sus logros y opiniones.
Hay otros casos, en que el origen del movimiento y organización se deben
al Estado como, por ejemplo, el Consejo Nacional de Pueblos Indígenas de
México o la Asociación Indígena de Costa Rica -AICR. En éstos, el auspicio oficial
es condicionante, aunque las relaciones no estén exentas de conflictos,
entredichos y contradicciones. El primero depende de los recursos que le destina
el Instituto Nacional Indigenista -INI- y la Confederación Nacional Campesina -CNC-
la otra es un desprendimiento de la Comisión Nacional de Asuntos Indígenas -
Conai-, con la que tienen, aparentemente, una fluida relación.
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