Page 178 - Egipto Tomo 1
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              dejara en Egipto, que durante su ausencia no había procedido con la mayor lealtad, ofrecióle
              un suntuoso banquete cerca de Pelusina, en un edificio de madera que mandara construir
              con  tal propósito, y aprovechando los momentos en que  el rey y los suyos se entregaban
              al descanso, después de los excesos del  festin, púsole fuego, con el intento que se deja
              suponer. Ramses escapó como de milagro, y para demostrar á los dioses su gratitud, hizo
              levantar los referidos colosos junto al templo de Ptah. Uno de ellos, único de los grandes
              monumentos que restan de Memphis, «la ciudad de los vivos » Oukh-tui, yace derribado
                                                     ,
              boca á bajo á unos mil pasos al sud de la aldea de Mit-Rahineh. Este gigante de piedra,
              cuya elevación sobrepuja la de siete hombres, es propiedad de los ingleses, para que haga
              juego junto al Támesis con  el obelisco de Alejandría.
                La ciudad de Menes no  sólo no  vio menguada su importancia con motivo  de  la
              traslación á Tébas de la residencia de los faraones
              después de la expulsión de los hyksos, sino que
              continuó  gozando  la mayor  prosperidad  hasta
              tiempos muy posteriores  , debiéndose esto en gran
              parte á que su puerto en el Nilo, del cual se hace
              frecuente mención en los textos, era el mercado
              al cual concurrían todos los productos del país,
              y el centro de contratación no sólo para las tran-
                              ,
              sacciones que se operaban en el valle, sino mucho
              más  allá. En  él  tenían un  barrio  especial  los
              fenicios, en  el cual se hallaban establecidas sus
              factorías,  elevándose en  el mismo  el templo de
              la Afrodita ó Venus extranjera, Astarté-Ashera
              con su correspondiente  bosque sagrado,  en  el
              cual se congregaba la juventud para servir á la
              divinidad.  Dicho  barrio  constituía  el  asilo  del
              placer: en cambio en la población genuinamente
                                                    CULEBRA SAGRADA DE URAN
             egipcia vivían  los vecinos tranquilos y morige-
             rados, que se dedicaban con diligencia y atención al cultivo de las artes manuales, en tanto
             que la casta sacerdotal se consagraba al estudio de las ciencias. Justa celebridad alcanzaron
             las escuelas dependientes de los templos de Ptah, de su hijo Imhotep y de otros dioses,
             de algunos de cuyos alumnos han llegado hasta nosotros notables escritos. El soberano
             que residía generalmente en Tébas, trasladábase de cuando en cuando al palacio real de
             Memphis, cuva ciudadela fué siempre considerada como uno de los más inexpugnables
             baluartes del imperio. Los griegos  la conocían perfectamente bajo  el nombre egipcio de
             Fortificación Blanca,  y  así  los monumentos como  los  escritos  de  los  clásicos,  hacen
             mención de más de un  sitio sostenido por dicha ciudadela, y de más de un asalto dado
             á las murallas íde  la ciudad. Los asirios y los persas no se juzgaron señores del Egipto
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